El 17 de mayo de 2026, la ciudad italiana de Módena vivió un atropello múltiple que dejó ocho personas heridas, varias de ellas en estado grave, después de que un vehículo embistiera deliberadamente a peatones en pleno centro urbano. El autor identificado por las autoridades fue Salim El Koudri, ciudadano italiano de origen marroquí y de 31 años, detenido poco después por la policía italiana.
El caso ha vuelto a abrir en Europa un debate cada vez más sensible sobre cómo se interpretan ciertos ataques violentos cuando los autores pertenecen a determinados perfiles migratorios o culturales. Parte de la opinión pública considera que existe una tendencia institucional a atribuir rápidamente estos episodios a “problemas mentales” para evitar tensiones sociales y políticas.
Más allá del caso concreto de Módena, la discusión refleja una fractura creciente en Europa entre seguridad, inmigración y narrativa política. En distintos países europeos, atropellos masivos y ataques con arma blanca han generado controversia por la rapidez con la que las autoridades descartaron motivaciones ideológicas mientras aún seguían investigando los hechos. Para muchos ciudadanos, el debate ya no es únicamente policial o judicial, sino también político y cultural: quién decide cuándo un acto violento debe considerarse terrorismo y cuándo pasa a interpretarse únicamente como el acto de una persona con desequilibrios mentales.




