No corren buenos tiempos para el programa FCAS, el proyecto estrella de innovación y desarrollo aplicado a la defensa europea. El proyecto de construcción del avión de 6ª generación se enfrenta a un momento crítico por la parálisis en las negociaciones entre el constructor francés Dassault Aviation y Airbus. Las posturas irreconciliables franco-alemanas, con una España de espectador incómodo, recuerdan las viejas rencillas que ya minaron el desarrollo del avión de combate europeo que dio como frutos el Typhoon Eurofighter y su primo hermano francés, el Dassault Rafale.
El propio canciller Merz reconoció la dificultad del momento: Estamos tratando de resolver esto. En cualquier caso, habrá sistemas conjuntos. Actualmente, mantenemos un intenso diálogo con Francia sobre hasta qué punto continuaremos desarrollando y construyendo aviones conjuntos, y espero que lleguemos a una decisión conjunta al respecto en las próximas semanas.”
Las palabras del jefe del ejecutivo alemán minan las esperanzas de llevar a cabo el programa FCAS, al menos en su más amplio espectro (Avión de combate, sistemas de integración de combate/combat cloud, dron de apoyo autónomo) y cada vez más Berlín busca vías alternativas para desbloquear el proyecto…o desterrarlo.
Y es en este momento cuando entra en escena el GCAP. El proyecto GCAP, cuyas siglas obedecen a Global Combat Air Programme, fue en principio un programa anglo-japonés al que enseguida se sumó Italia (en parte por el despecho de no formar parte del triunvirato del FCAS), que también busca el desarrollo de alto nivel de un nuevo avión de combate.
El GCAP, sustentado por la joint venture de la británica BAE Systems, la italiana Leonardo y la nipona Japan Aircraft Industrial Enhancement Co Ltd (JAIEC), a diferencia del programa FCAS, sigue avanzando, no exento de tiranteces entre los socios, pero a buen ritmo y sin duda con un panorama mucho más despejado que el programa FCAS.
Analistas de Defensa han reportado reuniones discretas entre delegados alemanes e italianos para tantear hasta qué punto sería posible la integración de Alemania en el proyecto elaborado a medio camino entre Londres, Roma y Tokio. Una alianza que estaría bien vista por el Ministerio de Defensa italiano, pero que despierta cierto resquemor en el Reino Unido, por la participación mayoritaria de BAE Systems en los sistemas de motor del avión y otros componentes del cuerpo de la aeronave, una concurrencia directa al potencial rol de Airbus.
Lo que debería tener claro Alemania es que su llegada al proyecto, particularmente en una fase avanzada de desarrollo y diseño del proyecto, no sería en igualdad de condiciones. Si bien es cierto que la implicación germana podría dar gran músculo industrial y tecnológico al programa, en ningún caso Berlín sería considerado un socio “Tier 1” como sí lo son Reino Unido, Japón e Italia. Un premio de consolación con respecto a lo que supondría la catástrofe del FCAS en cuanto a credibilidad y capacidades del complejo militar industrial europeo.




