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Artemis II: el sueño de las Estrellas como escape de la situación de nuestro planeta

La misión espacial de Artemis como ejemplo de cooperación internacional y la capacidad humana de afrontar desafíos

Todos los poquísimos hombres y mujeres que han podido viajar al espacio y ver nuestro planeta desde órbita han coincidido en llamarla una «experiencia sobrecogedora que cambió para siempre sus vidas». Nuestro planeta, visto desde arriba, se ve como una pequeña y brillante esfera azulada flotando en la inmensidad de color azabache e inacabable del cosmos. Una visión que nos recuerda nuestra fragilidad como especie y el delicado equilibrio que sustenta nuestro pequeño hogar, que nosotros mismos hemos puesto en riesgo.

La exploración espacial, si bien también surgió en un contexto de enfrentamiento geopolítico (la guerra fría), tiene también una magia y una épica especial: el derrocamiento de la última frontera, la curiosidad humana y el deseo de explorar elevados a la última potencia. El desafío tecnológico y humano por autonomasia, y los riesgos a los que se enfrentan los astronautas: un viaje en el que no se puede garantizar al 100 % la vuelta y  que puede abocar a una muerte terrible ante cualquier imprevisto. Y todo ello por el amor romántico y épico de conquistar nuevas fronteras, atesorar nuevos conocimientos y abrir a la humanidad nuevos y lejanos horizontes. A la Humanidad en su conjunto, no dejándonos llevar por banderas, ideologías y fronteras terrestres. 

La misión Artemis II es una pequeña pausa del convulso momento geopolítico que vivimos. Un soplo de aire fresco muy necesario que nos demuestra lo que podemos conseguir como especie cuando trabajamos unidos: el Módulo de Servicio Europeo, el propulsor de la nave espacial Orión, ha sido diseñado por la Agencia Espacial Europea. Este módulo, corazón de la nave, suministra aire y agua a los astronautas, genera electricidad a través de sus cuatro paneles solares, controla la temperatura de la nave espacial y proporciona propulsión para maniobras clave en el espacio profundo. Por si fuera poco, el ensamblaje, montaje y ejecución de los cohetes, propulsores y la propia cápsula Orión han supuesto una coordinación internacional extraordinaria de proveedores, empresas, centros tecnológicos, universidades y agencias espaciales de todo el mundo.

Lo mejor y más brillante de la humanidad al servicio de un único objetivo: conquistar de nuevo la órbita lunar, marcar el camino para una futura instalación en nuestro satélite… y nuestro vecino Rojo, Marte. 

Un ejemplo maravilloso, aquel de la odisea celeste de Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen para mostrarnos la necesidad y la posibilidad de perseguir metas comunes, de buscar la cooperación internacional y no la confrontación. De pensar como colectivo y dejar atrás rivalidades estatales, políticas y sociales. De tener los pies en la Tierra, pero la vista apuntando a las Estrellas. 

 

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David Cardero Ozarín

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