Europa ha desarrollado un sistema antimisiles por capas, que combina defensas de corto, medio y largo alcance y coordina radares, sensores y centros de mando para interceptar misiles balísticos, de crucero y drones. Sin embargo, su operación depende de la OTAN, que aporta la alerta temprana, los interceptores de largo alcance y la coordinación estratégica. Esto explica por qué la UE enfrenta problemas para lograr una necesaria autonomía en defensa: la fragmentación política, la dependencia tecnológica y la falta de infraestructura militar propia dificultan que sus iniciativas puedan reemplazar la seguridad que ofrece la Alianza Atlántica.