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CUMBRE DE LA OTAN ANKARA-2026: TRUMP SONRÍE, EUROPA SE REARMA (O LO INTENTA)

La reciente cumbre de la OTAN en Turquía obliga a Europa a repensar su defensa.

La cumbre de la Alianza Atlántica los días 7 y 8 de julio, desarrollada en el fastuoso complejo presidencial de Beştepe en la capital turca de Ankara ha reunido a los 32 jefes de Estado de los países de la alianza, a los aliados estratégicos del indo-pacífico (Australia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur) y a Ucrania, representada por su presidente, Volodymir Zelensky.

Tres grandes temas han dominado el vértice de la alianza: el apoyo plurianual a Ucrania, con un acuerdo ya alcanzado por unos 70 mil millones de dólares tanto para 2026 como para 2027; la verificación de la trayectoria de gasto en Defensa hacia el 5% del PIB para 2035, un año después del compromiso asumido en  la cumbre de la OTAN 2025 en La Haya; y la gestión del progresivo repliegue militar estadounidense del teatro europeo, el conocido burden sharing (reparto de responsabilidad) que Trump hizo explícito ya en la primera jornada , con sus incendiarias declaraciones «Podríamos retirar a todos nuestros soldados de Europa»

La elección de Ankara como sede consagra el peso diplomático, industrial y militar de Turquía en el seno de la alianza: Trump mantuvo en todo momento una gran sintonía con Erdoğan, alabando los esfuerzos en defensa de Turquía y su credibilidad, “un gran aliado”, a diferencia de los socios europeos.

La cumbre, definida por varios diplomáticos aliados como la «cumbre de la verdad» y bautizada por el Secretario Mark Rutte como «OTAN 3.0» — se realizó mientras Rusia intensificaba los ataques sobre la capital ucraniana, Kiev, justo en vísperas de la esperada reunión bilateral Trump‑Zelensky. El encuentro, mucho más cordial entre ambos líderes que las reuniones precedentes (todos recordamos la bochornosa encerrona de Trump a Zelensky en Marzo de 2025) sirvió para que el presidente estadounidense finalmente cediese a Ucrania la patente para que Kiev pueda fabricar los temibles misiles Tomahawk en su territorio. La medida espera ser un punto de inflexión hacia el fin de la guerra, tras la larga conversación telefónica que Trump mantuvo con Putin el lunes.

La cumbre turca también ha servido para dar un espaldarazo a la posición de Kiev, en el 4º año de guerra ruso-ucraniana: el acuerdo alcanzado para la declaración final prevé un apoyo militar a Ucrania de unos 70 mil millones de dólares tanto para 2026 como para 2027, cifra que incluye el préstamo de 30 mil millones de la UE. A los países que apoyan a Kiev se les solicita una contribución bilateral de alrededor de 40 mil millones anuales, mediante un mecanismo voluntario y articulable en múltiples formas.

La campaña ucraniana de ataques en profundidad con drones contra las refinerías y las principales urbes rusas ha modificado la visión estratégica de la administración americana y reforzado la posición negociadora de Kiev, que se encontraría en su situación más “favorable” desde el inicio del conflicto. Asimismo, la cumbre ha servido al dirigente ucraniano para mostrar músculo de las capacidades de innovación ucranianas, asegurando más de un 90% de éxito en la tasa de intercepción de los drones rusos.

EUROPA ANTE SU PROPIO ESPEJO

En lo que respecta al Viejo Continente, la postura estadounidense es inequívoca: es esencial que Europa pueda llevar las riendas de su propia defensa y tenga mayor peso en cuanto a las responsabilidades en la OTAN. El pivote estratégico de Estados Unidos hacia Asia y el Pacífico es imparable, y el reciente fracaso del programa FCAS pone en serias dudas si Europa es capaz de cerrar la brecha entre las ambiciones de rearme y autonomía estratégica y su cruda realidad, lastrada por la dependencia excesiva de tecnologías estadounidenses, la falta de una gobernanza común de los proyectos y la fragmentación de los contratos nacionales en cuanto a proyectos de I+D+i de defensa.

 Los analistas identifican 4 grandes carencias estructurales que los países europeos necesitan reforzar urgentemente:

  • La inteligencia estratégica y las capacidades I.S.R (inteligencia, vigilancia y reconocimiento), donde Europa sigue dependiendo en gran medida de satélites, aviones de reconocimiento y sistemas de intercambio de datos estadounidenses.
  • La defensa aérea y antimisiles, puesta a prueba por ataques de saturación con enjambres de drones y misiles hipersónicos, balísticos y de crucero.
  • El transporte estratégico y la movilidad militar, punto fuerte de EE. UU. para el cual Europa no dispone de alternativas equivalentes.
  • La producción de municiones, que la experiencia ucraniana ha demostrado insuficiente para sostener un conflicto de alta intensidad prolongado.

TRUMP VS SÁNCHEZ

Mención aparte merecen los numerosos “dardos” que ha lanzado Trump contra España durante toda la cumbre. El inquilino de la Casa Blanca parece dispuesto a lanzar una ofensiva económica contra Madrid, llegando incluso a amenazar con cortar todo tipo de comercio bilateral y “no querer tener nada que ver con ellos”. La enésima bravata de Trump contra Sánchez no es para tomar a la ligera: vuelve a utilizar el comercio como arma, para someter a un aliado a sus designios y forzar sus decisiones estratégicas y de soberanía.

La fijación por España, además de un poco disimulado desafecto personal e ideológico de Trump hacia Sánchez, obedece al “castigo” que quiere imponer Trump por las reticencias españolas al aumento del gasto militar y la negación del uso de las bases en territorio ibérico y del espacio aéreo para sostener la campaña estadounidense contra Irán. La “amistad” americana hace mucho tiempo que dejó de ser carta blanca. Bajo Trump, la protección se paga, y toda decisión contraria a los intereses de EE. UU. tendrá consecuencias políticas y económicas.

Si bien la aplicación práctica de dicha medida es imposible por la pertenencia de España a un bloque comercial europeo unificado, las palabras de Trump tienen un efecto político devastador: por primera vez, el comercio se utiliza de forma explícita como instrumento de presión en el seno de la Alianza atlántica. Un precedente preocupante, puesto que si cada discrepancia con respecto a la defensa y la seguridad se convirtiera en una amenaza económica, la propia razón de ser de la OTAN, la disuasión colectiva, podría degenerar en una relación clientelar transnacional y puramente económica.

En definitiva: Trump sonríe, Europa se rearma (o lo intenta) y aunque sobre el papel la alianza se refuerza, Washington y Bruselas nunca estuvieron más distantes.

 

 

 

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David Cardero Ozarín

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