No es sorpresa de nadie si reconocemos que el discurso antiinmigratorio en Europa se vuelve cada vez más duro y extremista. Aún así, llega a sorprender las imágenes de los eurodiputados el pasado junio cantando “Send them back” (enviadles de vuelta) tras la aprobación en el pleno del Parlamento Europeo la propuesta de Reglamento por el que se establece un sistema común para el retorno de los nacionales de terceros países en situación irregular.
Este Reglamento de Retorno consiste en enviar a los inmigrantes que hayan entrado en la UE de manera irregular a los llamados “return hubs (centros de retorno) en terceros países fuera de las fronteras de la Unión. ¿Dónde se crearán estos centros? Países como Austria, Dinamarca, Alemania, Grecia y Países Bajos han considerado que los siguientes países se pueden potencialmente interpretar como “seguros” para enviar de vuelta a los inmigrantes: Ruanda, Uzbekistán, Túnez, Mauritania o Uganda, por citar algunos.
Según investigaciones de 2024, la policía de Túnez y Mauritania, con la complaciencia y el dinero de la UE (y de España) abandona migrantes en el desierto de Mali a su suerte, donde las posibilidades de morir son extremadamente altas. Además, es sabido que las mafias de trata de personas en esos países capturan a susodichos migrantes para esclavizarlos, explotarlos, o extorsionar a sus familias por su rescate.
Si bien en 1951, cuando se firmó la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, fue capital el principio de “no devolución” – por el cual queda prohibido enviar a un inmigrante a un país donde su vida corra peligro- parece que a Europa se le ha olvidado. Los valores de solidaridad, justicia y respeto por la vida humana sobre los que se construyó el sistema internacional que a priori defendía la Unión se tambalean.
Bien es cierto que aún queda el visto bueno del Consejo de la UE, y la posterior publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea del Reglamento. Sin embargo, no hay muchos alicientes a ser optimistas: justo este junio de 2026, en paralelo con la aprobación del Reglamento por el Parlamento, entraba en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo. Tras más de 10 años de discusiones, este Pacto no se basa en una mayor protección de los derechos humanos de las personas migrantes, sino que sigue la senda de securitización de fronteras y miedo al extranjero que parece estar infectando a todo el mundo.




