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DISBAND, BRITANNIA: ¿El comienzo del fin para el Reino Unido?

Los primeros ministros de Irlanda del Norte, Gales y Escocia establecen una hoja de ruta para la independencia

Una de las grandes imágenes del final del siglo XX fue el icónico arriamiento de la bandera carmesí de la Unión Soviética en la Plaza Roja de Moscú la noche de navidad de 1991  para dejar paso a la tricolor rusa, símbolo del fin de la URSS y el comienzo de una nueva era de Occidente.

¿Veremos el arriado de la Union Jack británica de las casas del Parlamento británico?

El día de hoy, los primeros ministros y líderes políticos de los principales partidos nacionalistas del País de Gales, Plaid Cymru, de Escocia, el SNP y los republicanistas irlandeses del Sinn Féin han firmado en Cardiff un memorándum de entendimiento para establecer una línea de acción política común con el objetivo de organizar referéndums de autodeterminación para declarar la independencia del Reino Unido.  Las 3 organizaciones políticas han publicado el memorándum, en el cual declaran “Un cambio en el panorama político a lo largo de las islas británicas” y “La clara evidencia, tanto para el mundo como para los ciudadanos de las islas, de que el tiempo de Westminster está acabando”.

Un desafío de primer nivel para el Reino Unido, y un proyecto de desmembración y reorganización estatal con tanto o más simbolismo que lo que fue el fin de Yugoslavia. El fin de una unión que data del 1707 con el Acta de Unión entre los Reinos de Inglaterra y de Escocia (el Reino de Gales sería conquistado por Inglaterra durante el reinado de Eduardo en 1284 e incorporado a la misma en 1535). La desmembración del Reino que una vez dominó los mares y mantuvo uno de los imperios coloniales más poderosos de la historia.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Hasta hace relativamente poco, si bien siempre había habido tensiones por el centralismo pro-inglés en Westminster, la cuestión independentista en Gales y Escocia era casi marginal, y al otro lado del Mar de Irlanda, los acuerdos del Viernes Santo dotaban a Irlanda del Norte e Irlanda de un marco político e ideológico saneado.

Pero todo cambiaría, sin duda, con el Brexit, que desterró la idea de la “Cool Britannia” brillante y global e inició el declive del Estado británico. Un acuerdo de salida de la Unión Europea impulsado por Inglaterra e impuesto a Gales, Irlanda del Norte y Escocia. Una salida particularmente hiriente para Edimburgo, puesto que fue la perspectiva de un futuro sin Europa el argumento esgrimido por Londres que terminó por convencer a los escoceses de no votar a favor de la independencia en 2014, y potencialmente peligrosa para la isla de Irlanda, donde todavía se recordaban las heridas de los Troubles y el sangriento conflicto entre católicos y protestantes, entre nacionalistas irlandeses y unionistas del Ulster.

10 años y 7 primeros ministros después, parece que Gales, Escocia e Irlanda del Norte han dicho basta, ante un Reino Unido a la deriva. Londres, renqueante, intenta recomponerse de aquella promesa del Brexit que prometía independencia y prosperidad, y solo terminó trayendo caos, empobrecimiento a los británicos. Poco queda de aquellos envalentonados gobiernos británicos que apostaban por un Brexit duro y poner las cosas duras a Bruselas. Hoy en día, el panorama geopolítico internacional ha demostrado al número 10 de Downing Street cuanto es frío y oscuro el mundo fuera de la UE. 

Una UE a la que aspiran Cardiff, Edimburgo y una Belfast reunida con Dublín, como señala la declaración “El futuro de nuestras naciones pasa por la Unión Europea. Nuestra casa común. Queremos trabajar en reconstruir y reforzar nuestras relaciones con Europa, creando nuevas oportunidades para el comercio, las inversiones, la cultura y la cooperación. Ningún gobierno de Westminster tiene el derecho de bloquear la democracia y socavar el principio de que nuestros pueblos decidan su propio futuro.  

En el futuro, un interrogante: ¿Qué pasará con la flota de Submarinos nucleares británicos clase Vanguard arriados en la base de Cyde en Escocia? ¿Hasta qué punto serían importantes las Malvinas y sus recursos energéticos para una Inglaterra privada de los yacimientos de petróleo escoceses?  ¿Cómo integrar las estructuras de la OTAN de Irlanda del Norte en la pacifista y neutral República de Irlanda?

Todas esas preguntas requerirán eventual respuesta. Lo que está claro es que Andy Burnham tiene más cerca pasar a la historia como lo que nunca se imaginaría cuando juró el cargo en julio de 2026: el último primer Ministro de la historia del Reino Unido.

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David Cardero Ozarín

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