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El desgaste del Ejército ruso pone a prueba la rentabilidad de la guerra en Ucrania

Tras más de cuatro años de guerra en Ucrania, el Ejército ruso mantiene la iniciativa táctica, pero a un coste humano y material cada vez menos sostenible. Avances territoriales limitados, pérdidas masivas y un sistema de reclutamiento bajo fuerte presión dibujan una dinámica de desgaste que cuestiona la capacidad de Rusia para sostener su esfuerzo militar en el medio plazo.

Más allá de los comunicados oficiales y de la narrativa de resistencia proyectada por Moscú, la evolución reciente de la guerra en Ucrania revela una realidad menos favorable para las Fuerzas Armadas rusas. La combinación de avances territoriales limitados, pérdidas humanas de gran magnitud y un sistema de reclutamiento sometido a una presión creciente apunta a un problema estructural: la dificultad de sostener en el tiempo una guerra de alta intensidad basada en el desgaste.

En los últimos meses, esta tensión se ha hecho más visible. Aunque el Ejército ruso conserva la iniciativa a lo largo del frente, los progresos obtenidos no permiten una explotación operativa significativa y se logran a un coste cada vez mayor en vidas y recursos. Desde finales de 2025, la aceleración de esta dinámica ha reforzado las dudas sobre la relación entre los esfuerzos desplegados y los resultados obtenidos sobre el terreno.

Aunque el Ejército ruso mantiene la iniciativa a lo largo del frente, lo hace a un coste humano, material y político cada vez más elevado. Los avances territoriales logrados en los últimos meses siguen siendo marginales y no permiten una explotación operativa real, mientras que las pérdidas se aceleran desde finales de 2025, dibujando una dinámica de desgaste cada vez más desfavorable.

Según fuentes occidentales citadas por Bloomberg el 11 de febrero de 2026, el Ejército ruso habría sufrido en enero de 2026 unas 9.000 pérdidas netas —es decir, bajas no compensadas por el reclutamiento— para capturar 245 km² de territorio. Se trata del tercer mes consecutivo de deterioro en la relación entre pérdidas y progresos, lo que ilustra un coste militar creciente para resultados cada vez más limitados.

Avances mínimos tras años de guerra

El contraste entre el tiempo invertido y el terreno conquistado resulta especialmente revelador. Rusia tardó casi cuatro años en avanzar desde Donetsk hasta Pokrovsk, una distancia que un excursionista podría recorrer en un solo día. Desde la toma de Avdiivka en febrero de 2024 —punto de partida de la ofensiva hacia Pokrovsk y principal esfuerzo ruso durante los dos últimos años— las fuerzas rusas solo han avanzado 50 kilómetros, y apenas recientemente han logrado establecer una cabeza de puente en la localidad, donde Ucrania sigue manteniendo posiciones defensivas. En términos globales, solo el 1,5 % del territorio ucraniano ha sido capturado desde septiembre de 2022, fecha de la movilización parcial decretada por las autoridades rusas.

Un coste humano sin precedentes desde la Guerra Fría

El balance humano de la guerra es aún más elocuente. Desde febrero de 2022, el conflicto ha costado a Rusia entre 220.000 muertos, según Mediazona, y 325.000 fallecidos, según un informe del CSIS de enero de 2026. El número total de bajas —incluyendo muertos, heridos y desaparecidos— asciende hasta 1,2 millones, de las cuales casi 426.000 se produjeron solo en 2025.

Como referencia histórica, las pérdidas rusas combinadas de diciembre de 2025 y enero de 2026 (44.000 bajas) equivalen a las sufridas por el Ejército Rojo durante toda la guerra de Afganistán entre 1979 y 1988, oficialmente cifradas en 15.000 muertos y 53.000 heridos.

Un sistema de reclutamiento cada vez más frágil

Este nivel de desgaste no está siendo compensado por el sistema de reclutamiento. Rusia registra una disminución continua del número mensual de nuevos reclutas, situado entre 32.000 y 35.000, pese a los esfuerzos financieros desplegados. Actualmente, no existe un modelo alternativo viable al reclutamiento de tipo mercenario, basado en contratos individuales incentivados económicamente.

Más de 20.000 millones de euros, equivalentes al 1 % del PIB ruso y al 50 % del gasto en personal del Ministerio de Defensa, se destinan exclusivamente a primas de alistamiento y compensaciones por fallecimiento. Sin embargo, incluso estos incentivos muestran rendimientos decrecientes: algunas regiones con graves dificultades presupuestarias han comenzado a reducir las primas de firma, pese a los aumentos sucesivos aplicados en los últimos años.

A ello se suma un fenómeno creciente de deserciones y abandonos de puesto. Desde 2022, cerca de 50.000 soldados habrían desertado, lo que representa el 10 % de las fuerzas desplegadas en Ucrania, según el Relator Especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en la Federación Rusa. Medios independientes rusos elevan esa cifra hasta 70.000, y organizaciones que ayudan a desertores aseguran haber recibido casi 100.000 solicitudes de ayuda.

Paralelamente, las autoridades ejercen presión sobre los conscriptos para que firmen contratos al término de su servicio obligatorio y han reforzado un arsenal legislativo más coercitivo desde octubre de 2025: despliegue del reservista activo fuera del territorio ruso, conscripción durante todo el año en lugar de dos campañas anuales y posibilidad de obligar a reservistas inactivos a participar en concentraciones militares organizadas por las Fuerzas Armadas o la Rosgvardia.

Violencia sistémica y erosión de la cohesión interna

La violencia interna, históricamente presente en el Ejército soviético y ruso, no solo persiste, sino que se ha transformado durante esta guerra. En las fases de reclutamiento y entrenamiento, se documentan engaños sistemáticos sobre la naturaleza y duración de los contratos, así como el desprecio por la especialización de los soldados, enviados con frecuencia a asaltos de primera línea.

Según el medio independiente Verstka, al menos 150 soldados habrían sido torturados y/o golpeados hasta la muerte por compañeros identificados como verdugos, con la complicidad de la cadena de mando. También se reporta el uso de soldados como señuelos o “cebos” para atraer el fuego enemigo y localizar posiciones ucranianas, prácticas que ya no serían casos aislados, sino procedimientos cada vez más institucionalizados.

Reclutamiento engañoso de extranjeros y fricciones diplomáticas

Ante el agotamiento del potencial humano interno, Rusia ha intensificado el reclutamiento de ciudadanos extranjeros, principalmente del Sur Global. Entre ellos figuran nacionales de Cuba, Nepal, Sri Lanka, India y varios países africanos como Benín, Camerún, la República Centroafricana o Sudáfrica.

Según el medio opositor Meduza, casi 20.000 extranjeros habrían sido ya reclutados. Un listado publicado el 11 de febrero por el colectivo All Eyes On Wagner estima que 1.417 africanos fueron incorporados a las fuerzas rusas entre enero de 2023 y septiembre de 2025. Estas prácticas han generado tensiones diplomáticas, especialmente con países emergentes como India y Sudáfrica, que ha abierto una investigación sobre estos métodos de reclutamiento forzoso o engañoso.

Además, miles de ciudadanos africanos habrían sido contratados bajo falsas promesas para trabajar en fábricas de armamento y drones en condiciones cercanas a la esclavitud. El programa Alabuga Start, vinculado a la planta de drones de Tartaristán, aspira a reclutar 10.000 mujeres africanas para sostener la producción bélica rusa, mediante campañas sofisticadas en redes sociales que ocultan una realidad marcada por explotación, malos tratos e incluso confinamiento.

Un modelo de guerra cada vez más insostenible

En conjunto, estos elementos dibujan un panorama de agotamiento estructural del esfuerzo militar ruso. Los incentivos económicos pierden eficacia, el recurso a la coerción aumenta y la legitimidad social de la guerra continúa erosionándose. Para una mayoría de ciudadanos rusos, según el propio informe, esta ya no es “su guerra”, y el patriotismo se expresa precisamente en no participar en un conflicto que deteriora la seguridad y la prosperidad del país.

En un contexto internacional marcado por los debates sobre escalada, negociación y sostenibilidad de los conflictos prolongados, las dificultades crecientes del Ejército ruso se han convertido en uno de los factores clave para entender la evolución de la guerra en Ucrania y sus posibles desenlaces en los próximos meses.

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Guillermo Bravo Rodriguez

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