El pasado 22 y 23 de marzo tuvo lugar en Italia el referéndum abrogatorio para el proyecto de ley de reforma Nordio (llamado así por el ministro Carlo Nordio) de la Justicia. Más concretamente, para la modificación de aspectos clave de la Magistratura y la carrera judicial, los que se recogen en los artículos 87, 102, 104, 105, 106, 107 y 110 de la Constitución de la República Italiana.
Bajo la pregunta: ¿Desean aprobar o rechazar la reforma que separa las carreras de jueces y fiscales, desdobla el Consejo Superior de la Magistratura (CSM) e introduce un Alto Tribunal Disciplinario? El gobierno de Meloni dejaba en manos del pueblo italiano uno de sus proyectos legislativos claves y una de las aspiraciones clásicas de la derecha italiana.
El sistema italiano es complejo en este aspecto: los magistrados siguen un único itinerario formativo y realizan una única oposición; después asumen una función: o bien ejercen como fiscales, ocupándose de las investigaciones y sosteniendo la acusación en el proceso, o bien ejercen como jueces, tomando decisiones y dictando autos y sentencias. Pueden cambiar de función (es decir, pasar de fiscal a juez o viceversa) una sola vez a lo largo de toda su carrera y bajo condiciones muy precisas: solo pueden hacerlo durante los primeros diez años de actividad y deben trasladarse a otro distrito geográfico.
Con dos carreras, también habría dos CSM, es decir, dos órganos de autogobierno de la categoría. Hoy en día, el Consejo Superior de la Magistratura —que se ocupa de los destinos y traslados, de los ascensos y de las medidas disciplinarias, y que garantiza la autonomía y la independencia de la judicatura— es único para todos los magistrados. La reforma preveía, en cambio, dos: uno «de la magistratura juzgadora» y otro «de la magistratura fiscal», ambos presididos por el Presidente de la República (actualmente, Sergio Mattarella)
Sin embargo, este gran proyecto del Gobierno Meloni ha sufrido una dolorosa derrota, puesto que el voto por el NO ha ganado holgadamente el referéndum, con el 54% del total de votos. Un varapalo político de calado para el gobierno Meloni, que había llamado a esta propuesta de modificación «La reforma de todas las reformas». La Premier italiana, que se había granjeado el respeto de toda la clase política europea por manejar la caótica vida política transalpina —mucho más parecida a un episodio de Juego de Tronos en la vida real— y dotar a la otrora ingobernable Roma de un ejecutivo estable y funcional con sus aliados de Forza Italia y La Lega ve ahora fracasar el proyecto estrella a nivel nacional. La lideresa de Fratelli d’Italia, que aceptó la derrota del referéndum, quiso quitar peso a la situación, asegurando que seguiría adelante con su programa político.
Sin embargo, Meloni y su coalición del gobierno entienden que no tendrán otra oportunidad para llevar a cabo esta reforma. No solamente ello, su derrota ha servido para dinamitar su aura de «invencibilidad electoral» y para galvanizar a su oposición política, principalmente el Partito Democratico y el Movimento Cinque Stelle, que ha querido transponer el resultado del referéndum como una «prueba de confianza» de los italianos al Gobierno de coalición Fratelli, Forza Italia y Lega.
La derrota electoral del bando del SÍ insufla nuevas esperanzas e ilusiones a los detractores del gobierno de Meloni, que esperan al año 2027, cuando los italianos serán llamados a las urnas. ¿Podrá Giorgia sobreponerse al mazazo a tiempo…o nuevos vientos pueden soplar en la política itálica?




