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El sorpasso de «lo humano» por la IA

La crisis interna del inmanentismo como proyecto de civilización empieza a preocupar seriamente las instancias globales que tiene la misión la responsabilidad de velar por lo que hasta mejor había logrado la evolución humana. Este hito se resume en este concepto complejo: La Persona humana

La encíclica Magnifica Humanitas ha comprado el discurso reinante: el desarrollo de las tecnologías llega al nivel de dejar lo estrictamente humano atrás, dicho de otro modo, el sorpasso de lo humano. El documento papal traza la hoja de ruta del pontificado leonino.  A la pregunta ¿Quo nominis vocaris? Responde León XIV. De este modo, pretende dar continuidad al legado de su antecesor León XIII. Conocido mío porque tengo un trabajo de investigación doctoral sobre la encíclica Aeterni Patris. Presento aquí una breve reflexión sobre el capítulo III de M-H.

En efecto, el capítulo tercero del documental pontifical aborda la cuestión nuclear de la problemática a la que se enfrenta la civilización occidental: la dignidad de la persona humana. La IA con su potencial insospechado amenaza de devolver la antropología a los comienzos de la evolución antrópica. Pero no hace falta remontar tan lejos históricamente. Basta con mirar la civilización desde el marco grecorromano. Si no hacemos nada tal y como lo señala el Papa León XIV, entonces el sorpasso representará una etapa inquietante en la evolución epistemológica y antropológica que se ha verificado hasta ahora: la defensa de la Persona frente al personaje romano, la persona humana frente a la Persona divina, el Humanismo frente a la Trascendencia, el Personalismo frente al Individualismo y colectivismo. La inquietud actual lleva a la reivindicación de lo humano a secas frente a su aparente sorpasso por el transhumanismo tecnológico. Una autentica crisis interna del inmanentismo como proyecto civilizacional.

Entre los capítulos de más largos, es decir, superiores a 30 puntos, el tercero ha requerido menos literatura. Se circunscribe en 40 punto y no alcanza los 46 puntos del capítulo V. En efecto, pienso que la contención literaria responde a dos motivos. En primer lugar, se debe efectivamente a la prudencia, pero tiene que ver igualmente con el escaso dominio por los expertos del Vaticano de la cuestión (nota 123 del N.º 97). En segundo lugar, la escasez literaria viene recomendada por el desarrollo dinámico de las tecnologías relacionadas con la IA. He aquí la relación de puntos: 43 puntos (la cuestión de los fundamentos de la doctrina social de la iglesia); 46 apartados (la Cultura del poder y la Civilización del amor); 50 puntos (Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, Trabajo, Libertad); 40 puntos a la cuestión: Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA.  Por lo tanto, la contención genera la sospecha sobre si se trata de un pronunciado precipitado del magisterio pontificio sobre la cuestión que se sitúa fuera de las polémicas habituales a las cuales esta acostumbrada la Iglesia católica, pero representa la amenaza mas importante para el catolicismo desde hace más de 2000 años. “La Gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona” (Tomás de Aquino). Sin humanidad peligra la Gracia.

“Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. El Papa sale en una férrea defensa de lo humano, pese a sus lagunas, ante la amenaza de la total deshumanización que se avecina. La teoría del velo de la ignorancia no la ha inventado ninguna IA, sino una humanidad (John Rawls) tan apreciada por los humanos. “Confiar, en la práctica, a un algoritmo el poder de seleccionar quién es digno y quién no, sin que nadie asuma el peso de la decisión, significa encomendarle la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas” (103). ¿Lo podrá mejorar también la IA? ¿un código deontológico para la IA?

La verdad es que no existe una axiología para el transhumanismo. Nos adentramos en un terreno absolutamente novedoso desde la perspectiva axiológica. Los reclamos de la Santa Sede para que se vigile legal y axiológicamente la configuración de la IA antropomorfista no van a convencer, ni mucho menos, satisfacer la voracidad lucrativa de la elite global de este nuevo mercado de cachivaches para mejorar “lo humano”. Dos posturas irreconciliables: 1. “nos quedamos con lo humano tal cual es”; 2. “lo superamos mediante el sorpasso definitivo” (N.º 103-107).

Quisiera finalizar esta reflexión con el punto (108). “Quod natura non dat Salmantica non praestat”, es decir el transhumanismo no es un regalo divino como lo ha sido lo humano. Lo que la naturaleza no da no lo regala el transhumanismo: “la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos”.

EL grito de exaltación de lo humano: ¡Magnifica Humanitas! en medio de esta profunda transformación que provoca la era numérica tiene eco en el corazón y en la mente de las todas las personas del mundo, no me cabe la menor duda. Al mismo tiempo quiero apostar por la innovación y permitir que la cosmogénesis (Artemis II) termine su propia antropogénesis (IA).

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Wooby Oreste Jacques Oris

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