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En Arabia Saudí no se pueden construir iglesias. En Europa, cuestionar las mezquitas es tabú.

Arabia Saudí, uno de los países con mayores recursos económicos del mundo y un socio estratégico de Europa, España y Estados Unidos en ámbitos como la energía, la inversión y la seguridad, no permite la construcción de iglesias ni el culto público de religiones distintas del islam. Es una realidad conocida desde hace décadas y rara vez genera el mismo nivel de debate que cualquier propuesta sobre la presencia o regulación de mezquitas en Europa.

Resulta llamativo que cualquier reflexión sobre la integración, la reciprocidad o el papel de determinadas instituciones religiosas en Europa sea rápidamente descalificada, mientras apenas se cuestiona que algunos Estados donde el islam es la religión oficial mantengan restricciones mucho más severas para otras confesiones.

La diferencia es precisamente esa: en la mayoría de países europeos o de tradición cristiana no existen prohibiciones generales para construir mezquitas; puede haber debates locales o restricciones urbanísticas, pero no una prohibición nacional del culto islámico. En cambio, en varios países donde el islam es la religión oficial sí existen prohibiciones o restricciones muy severas para construir iglesias o celebrar culto público no musulmán. Por eso hablar de reciprocidad no es atacar a una religión: es analizar una diferencia real en materia de libertad religiosa.

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Alejandra Fernández

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