La defensa española está profundamente integrada en estructuras multilaterales como la OTAN, la Unión Europea y las misiones internacionales de las Naciones Unidas.
El debate sobre aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB se ha convertido en uno de los temas más sensibles de la política europea actual. La presión internacional, especialmente dentro de la OTAN, está empujando a varios países a revisar sus prioridades presupuestarias en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, guerra híbrida y nuevas amenazas tecnológicas. Sin embargo, el Gobierno de España se mantiene entre los países que consideran desproporcionado elevar el presupuesto de defensa hasta el 5% del PIB.
Dentro de la Unión Europea, el debate no es únicamente militar. Muchos Estados miembros defienden que la seguridad también depende de la estabilidad económica, la cohesión social y la resiliencia energética.
Este fin de semana, en la Conferencia de Seguridad de Múnich 2026, la OTAN ha insistido en que la Unión Europea aumente su peso militar y su gasto, en un contexto dónde Estados Unidos empuja a los europeos a asumir más responsabilidades.
Si el Gobierno de España sigue situado en el grupo de menor esfuerzo, su capacidad de influir en las decisiones estratégicas disminuirá inevitablemente. No por castigo. Por pura lógica de poder. Nadie entrega liderazgo estratégico a quien no asume riesgos estratégicos.
La defensa nacional no debería ser un tema partidista. Debería ser una política de Estado sostenida durante décadas.




