No sin tensiones, pero es un hecho: el día 10 de junio, el Congreso de los Diputados español ha aprobado finalmente el Tratado de Amistad y de Cooperación entre España y Francia, también conocido como el Tratado de Barcelona.
El Tratado, firmado entre el presidente del Gobierno Pedro Sánchez y el presidente de la República Francesa Emmanuel Macron en la capital catalana en enero de 2023, fue ratificado por las cortes francesas en marzo de 2025. Sin embargo, en el caso español, el texto sufrió una amarga votación en contra, motivada por la supuesta “inferencia en la soberanía nacional” en palabras del grupo parlamentario popular y de VOX, así como la abstención de los nacionalistas catalanes de Junts, que nunca vieron con buenos ojos la firma simbólica del tratado en Barcelona, con los rescoldos del procés todavía calientes.
Una segunda votación en contra hubiese creado una auténtica crisis en las relaciones entre Madrid y París, como temían importantes asociaciones franco-españolas como la Cámara de Comercio Francesa en Barcelona, la asociación Diálogo y Diálogo France, así como la opinión extraoficial del cuerpo diplomático galo destinado en España. Sin embargo, “Petit à petit, l’oiseau fait son nid” (Poco a poco, el pájaro hace su nido), y al final los tejemanejes de la política interna española no han enturbiado un tratado estratégico para ambos países. Con la ratificación del Tratado de Barcelona, España y Francia refuerzan todavía más una ya de por sí excelente e intensa cooperación diplomática y cultural, estableciendo una alianza estratégica al máximo nivel, reforzando los instrumentos bilaterales hispano-franceses en todos los ámbitos, desde la política exterior y la defensa hasta la economía, la energía, la cultura, la migración o la cooperación transfronteriza.
Asimismo, a partir de ahora, se reforzarán las reuniones bilaterales entre ambos gobiernos, incluyendo la participación extraordinaria de ministros españoles en reuniones del gabinete galo y viceversa, para compartir prácticas de buena gobernanza y reforzar los lazos entre los palacios de la Moncloa y el Elíseo. Francia, que hasta ahora solamente había firmado tratados de este calibre con la República Federal Alemana a través del Tratado del Elíseo y con Italia a través del Tratado del Quirinal, otorga a España el máximo rango de cooperación bilateral y otorga al vínculo diplomático con Madrid la máxima importancia diplomática.
La firma del tratado es una victoria para ambos lados de los Pirineos: Francia es el primer socio comercial de España, la diáspora francesa es la mayor entre los colectivos en España, así como la numerosísima presencia de españoles en Francia. Son muchas las instituciones, como las sedes del Lycée Français presentes en España , el Museo Picasso, la Casa Velázquez e iniciativas como las becas Avenir, que aseguran la vitalidad de la prolífica cooperación cultural hispano-francesa. Pero sobre todo, este tratado es una victoria para España y Francia para asegurar un apretón de manos aún más intenso y cooperativo, aún más si cabe tras el fin amargo del proyecto a tres entre Francia, Alemania y España del FCAS. Asegurarse de que España y Francia continúen siendo naciones vecinas, amigas, y hermanas.




