El sobrecogedoramente hermoso Salón de Embajadores de la Casa de América de Madrid organizó ayer, día 12 de marzo, el evento «50 años: España y Portugal: diálogo intergeneracional para una convivencia democrática.» Un evento dedicado a la rememoración y celebración de 50 años de democracia en la República Portuguesa y en el Reino de España, que, unidos por un camino europeo compartido y recorrido al unísono, han forjado la vivaz vecindad, amistad y hermandad que unen a Lisboa y Madrid.
El evento, apadrinado por la Casa de América y la Organización de Estados Iberoamericanos, contó con la inestimable presencia del ministro consejero de la Embajada portuguesa en Madrid, Paulo Domingues, la Directora del programa Iberoamericano de DD.HH, Irune Aguirrezabal , el Secretario General de la OIJ, Alexandre Pupo Quintino y dos grandes nombres de la esfera humanística ibérica, como el historiador donostiarra Juan Pablo Fusi y la reputada socióloga y politóloga lisboeta Maria de Lurdes Reis Rodrigues.
Pero el evento no quiso quedarse en el boato y renombre de los ponentes para dar el auténtico protagonismo a un grupo de 10 jóvenes de Portugal y España, sobre el significado de la democracia para ellos, la necesidad de vivirla, defenderla y revigorizarla. En un momento de gran incertidumbre y competición global, polarización y crispación política, es más importante que nunca entender la democracia como un legado vivo pero nunca asegurado. Una herencia preciosa que debe construirse a través de la participación, el espíritu crítico y los valores de diálogo, el respeto a las instituciones y los puntos de encuentro ideológico. Y en esa defensa, acordaron los ponentes, la ardiente y activa juventud debe estar en primera línea. Reforzar iniciativas como el Consejo de la juventud en España y el Parlamento de los jóvenes luso fueron sólo algunos de los elementos que se discutieron en el foro, destinado a poner soluciones en común entre aquella generación que luchó por la democracia y aquella que nació con los derechos que ella brinda.
Pero sin duda, lo que tanto las voces de los jóvenes portugueses como sus homónimos hispanos destacaron fue la necesidad de no dar las cosas por sentadas, de la imperante necesidad de ejercer la democracia y defenderla, así como brindar la oportunidad a la juventud de tomar parte de ella: que la ilusión transformadora que supuso la revolución de los claveles portuguesa y la transición española sea siempre celebrada, recordada y valorada. Para ello, los jóvenes hispanolusos aportaron un decálogo de 10 puntos en favor de la democracia, fundado en el compromiso del reconocimiento del valor de la transición, el fomento y ampliación de los foros de participación pública de la juventud, el rechazo firme a los discursos de odio y la polarización, los derechos y deberes sociales básicos que debe garantizar la democracia, el inquebrantable compromiso ibérico por Europa y la participación activa de los ciudadanos en la vida política.
España y Portugal. Naciones vecinas, amigas y hermanas, que a través de sus lazos imperecederos con Iberoamérica gracias a la lengua de Cervantes y de Saramago, se convierten en paladines por el progreso, la confianza democrática y el inestimable aporte de la juventud, como esperanza del futuro, pero también del presente. Uma aliança ibérica e atlântica pela democracia, mais necessária e importante do que nunca




