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Europa, Ucrania y el dilema industrial de la defensa

La guerra de Ucrania ha puesto de manifiesrto que Europa carece de una visión integrada entre defensa, financación, industria y planificación estratégica. Un reciente informe de RAND Corporation nos advierte de ello y pone de manifiesto problemas estructurales en la cooperación industrial entre Ucrania y el resto de Europa.

Europa, Ucrania y el dilema industrial de la defensa

Por qué la cooperación militar no puede sostenerse sin una base productiva común

Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, Europa ha demostrado una voluntad política inédita para apoyar a un país en guerra en su frontera oriental. Sin embargo, a estas alturas del conflicto, comienzan a hacerse visibles las limitaciones estructurales de ese apoyo: no tanto en el plano militar o financiero, sino en el industrial.

Un reciente informe de RAND Europe (RAND Corporation), sobre la cooperación industrial entre Europa y Ucrania, ofrece una radiografía del problema poniendo en relieve una realidad incómoda: la estrategia de defensa europea sigue desconectada de su base productiva.

Más allá del apoyo militar

El informe identifica grandes iniciativas como la coproducción, entre países y actores, o el llamado Danish Model; sin embargo, estos avances conviven con una serie de problemas persistentes a nivel institucional, empresarial e industrial.

Entre ellos destacan:

  • Percepción del riesgo asociada a operar en un país en guerra.
  • Incertidumbre regulatoria y jurídica.
  • Falta de claridad sobre las necesidades industriales a largo plazo.
  • Fragmentación en los procesos de adquisición y certificación.

El resultado es una cooperación reactiva, incapaz de generar una base industrial robusta y sostenida.

Un problema de todos

Una lectura superficial podría atribuir estas dificultades a las condiciones excepcionales del conflicto; no obstante, el análisis de RAND apunta a una causa más profunda: Europa carece de una visión integrada entre defensa, financación, industria y planificación estratégica.

Durante décadas, la política de defensa europea ha estado enfocada en mantener inventarios, cumplir con gastos de inversión, producir de forma ajustada y adquirir sistemas de terceros. La guerra de Ucrania ha hecho visible la debilidad de estas políticas.

De este análisis podemos extraer tres conclusiones relevantes:

  1. La guerra moderna es, ante todo, una prueba de resiliencia industrial.
  2. Sin visión y planificación a largo plazo, los incrementos de inversión en defensa tendrán un impacto limitado.
  3. La fragmentación industrial europea constituye una vulnerabilidad estratégica en sí misma.

La cuestión no solo está en si Europa debe invertir más en defensa, sino en cómo y con qué visión organiza su capacidad productiva para sostener esa inversión en el tiempo. El problema no es solo el qué ni el cuánto ni el cuándo, sino el cómo y hacia dónde.

La cooperación industrial con Ucrania nos plantea una disyuntiva fundamental: seguir gestionando el conflicto desde una lógica de emergencia o emplearla como catalizador para una transformación profunda de la base industrial de defensa.

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Manuel Orti Priego

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