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FIMI: Europa y la brecha estratégica entre el Este y el Sur

Europa reconoce analíticamente la importancia del espacio informativo MENA, pero todavía no la refleja plenamente en sus prioridades estratégicas.

El 4º Informe EEAS sobre amenazas FIMI (Foreign Information Manipulation and Interference), publicado en marzo de 2026, confirma una tendencia que ya no admite matices: las operaciones de manipulación informativa han alcanzado un nuevo nivel de complejidad operativa y alcance global. 540 incidentes documentados en 2025, más de 10.500 canales movilizados, y un 27% de operaciones con IA integrada. La weaponización del espacio informativo forma ya parte del arsenal híbrido con la misma naturalidad que los ciberataques o la coerción energética. 

El informe aporta además un concepto útil: la FIMI Galaxy. Una arquitectura densa e interconectada de actores, infraestructuras y narrativas que en 2025 aparece más activa que en cualquier evaluación anterior, donde la manipulación se ha convertido en una industria organizada con servicios especializados. El análisis de redes identifica una infraestructura central vinculada a hubs regionales que apuntan a geografías específicas: África Subsahariana, Oriente Medio y Norte de África, Moldavia y Armenia. 

Ahí está el dato. Y ahí empieza el problema.

Lo que el informe ve y el debate europeo ignora.

MENA aparece nombrado en la FIMI Galaxy. Tiene su propio hub, su propia infraestructura y sus propios patrones de operación. Sin embargo, cuando los decisores europeos hablan de FIMI, hablan de Rusia en Moldova, de China en las elecciones alemanas, de la vecindad este. El Mediterráneo sur existe en el mapa analítico pero no en la agenda política. Esa brecha entre lo que la inteligencia europea ya documenta y lo que sus instituciones priorizan es, en sí misma, una vulnerabilidad.

Gaza lo ilustra con claridad. Desde octubre de 2023, el conflicto se convirtió en un vector de operaciones de influencia a escala sin precedentes. Rusia, Irán y China desplegaron medios estatales y campañas encubiertas en redes sociales para amplificar narrativas favorables a sus intereses, con la IA como herramienta central de producción y distribución de contenido. Lo relevante para Europa no es solo lo que ocurrió en la región: es que esas narrativas viajaron. RT (Russia Today) publicó en árabe alegaciones fabricadas sobre mercenarios ucranianos combatiendo junto a fuerzas israelíes en Gaza, mientras redes vinculadas a Rusia amplificaron imágenes de estrellas de David pintadas en edificios de París para avivar el antisemitismo en Francia. El objetivo no era informar sobre Oriente Medio. Era fracturar la cohesión social europea usando el conflicto como combustible.

El idioma como herramienta de inteligencia.

Europa está, en buena medida, monitorizando en los idiomas equivocados. Los sistemas de detección trabajan principalmente en inglés, ruso y lenguas de la UE. La capacidad analítica en árabe, tanto en volumen como en profundidad, sigue siendo marginal respecto al flujo real de contenido en circulación. Esto tiene una consecuencia directa: lo que no se lee en su idioma original no se detecta con precisión, no se atribuye correctamente y no entra en los recuentos oficiales. Los 540 incidentes del informe EEAS son, probablemente, la parte visible de algo considerablemente mayor.

Las comunidades de origen árabe y norteafricano presentes en Europa constituyen una audiencia estratégica para estas operaciones, precisamente porque los sistemas de monitorización europeos las observan con menor resolución. Las narrativas que circulan en árabe sobre las instituciones europeas, sobre la relación entre Islam y Occidente o sobre los conflictos de la región no se quedan en los teléfonos de quienes las reciben: moldean percepciones, alimentan desafección y construyen marcos interpretativos que después condicionan el debate político interno. 

No es la primera vez.

Europa ya pagó el coste de no tomarse en serio el espacio informativo MENA. La radicalización yihadista online de la década pasada operó durante años con escasa respuesta europea coordinada: contenido de captación, narrativas de polarización y marcos identitarios circularon con escasa fricción institucional, no porque fueran indetectables, sino porque ese espacio no estaba en el centro del radar estratégico europeo. El problema es, por tanto, de actitud: la tendencia estructural a tratar la región MENA como periferia en lugar de como entorno estratégico con consecuencias directas sobre la seguridad interior.

Ese mismo patrón se está repitiendo ahora con FIMI. Los actores son distintos, los objetivos más sofisticados, las herramientas más potentes. Pero la lógica de subestimación es la misma.

Se trata de reconocer que la infraestructura FIMI opera de forma global y que las capacidades de análisis sobre el espacio MENA son inteligencia estratégica, no un complemento cultural. Mientras Europa siga tratando el Sur como un asunto de política de vecindad en lugar de como un componente central de su ecosistema de seguridad informativa, su resiliencia frente a FIMI tendrá un flanco sistemáticamente expuesto. Y sus adversarios, que sí entienden la región, lo saben perfectamente.

Fuente principal: 4º Informe EEAS sobre Amenazas FIMI, marzo de 2026.

*Imagen generada con inteligencia artificial.

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Lorena González Martínez

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