Es inevitable. El asesinato del ayatolá Ali Jame-neí de Irán, por un bombardeo estadounidense-israelí, destapa una incomodidad difícil de evitar.
Líder Supremo desde 1989, bajo su nombre están las leyes que permiten a niñas casarse con 13 años (9 años con permiso de los padres y un juez), lapidaciones, violencia sexual, torturas y segregación por sexo en toda la sociedad, y hay mucho más. La falta de existencia de la mujer como una vida humana ha sido uno de los sellos de sus leyes. ¿De cuántas mujeres y niñas hablamos? ¿Cuántas vidas sin ser reconocidas como humanas, independientes, únicas? ¿Cuántas madres habrán enterrado a sus hijas a consecuencia del asalto a la propia existencia de sus hijas? Han sido 37 años. ¿Cuántas…? Es abrumador pensarlo.
Y ahora viene lo incómodo: ese alivio que traen las noticias de que «ya no esté entre nosotros» dura poco… porque se transforma en horror al ver cómo ha sido la operación militar y las respuestas retaliatorias de Irán en toda la región. El horror de estar ante otro precedente donde la ley internacional no pone el marco de actuación. Un mundo de precisión militar donde los más altos cargos de un gobierno son aniquilados es muy perturbador.
Abrir paso a una diplomacia de guerra de precisión militar donde el que pone las reglas es quien es capaz de asesinar al milímetro. ¿Qué haremos cuando esta capacidad militar se extienda? Imagino que algo así nos preguntamos ya cuando conocimos la bomba atómica. Pero la precisión militar pone un elemento de superioridad del cual nadie escapa.
No podemos quitar ojo a Rusia. Bashar al-Assad sigue recogidito en su territorio sin rendir cuentas por sus crímenes contra la humanidad. Maduro sigue en una cárcel en EE. UU. mientras el show de Trump continúa en su propio país, en Latinoamérica, en Gaza y ahora también en Oriente Medio. ¿Es el silencio/no acción de Rusia consecuencia de tener a Ucrania en prioridad, o es una «inacción» pantalla y realmente hay otros movimientos por detrás?
Sé que hay elementos de este juego de ajedrez que se me escapan, pero espero y deseo que este nuevo horizonte de incertidumbre en Oriente Medio traiga visión de futuro a los corazones y las mentes. En especial de las mujeres, sus madres y todos los hombres que no quieren permitir que las mujeres seamos ciudadanas de segunda clase, que quieren que seamos seres humanos. Que nos quieren vivas.
¿Estamos ante un «ya basta» por la libertad, o ante una guerra de proxy a gran escala entre los fuertes del tablero, a.k.a. EE. UU., Rusia y China? Dejo la pregunta abierta.




