Durante décadas, el Reino Unido cultivó una idea de sofisticación, dinamismo y buena gobernanza. La “Cool Britannia” que cautivaba al mundo, y cuyo máximo apogeo se dio durante los Juegos Olímpicos del año 2012 en Londres. Un ejemplo magnífico de dinamismo británico, poder cultural y proyección de poder blando, revalorización de la capital del Támesis y el ejemplo de cómo los británicos seguían siendo capaces de asombrar positivamente al mundo.
Pero 2012 no es sino ya un lejano y borroso recuerdo.
2026 ve un panorama político en el Reino Unido que no tiene nada que envidiar, en el mal sentido, a los momentos más estrambóticos y caóticos de la política italiana anterior a Giorgia Meloni. Entre medias, una nación que se dejó seducir por los cantos de sirena del Brexit, con su demagogia barata y el “Take back control”, una pandemia internacional que golpeó duramente al país, una gran lista de escándalos políticos y una retahíla de hasta 5 primeros ministros desde 2016, incluyendo Liz Truss “La Breve”.
Los adalides de la salida británica de la UE prometían mayor control de las fronteras, menor inmigración, más recursos y una “Gran Bretaña global”… 6 años después de la ejecución del Brexit, el Reino Unido ha entendido por las malas la dura realidad internacional fuera del club europeo, y ha debido recular frente a Bruselas, pasando de desear un divorcio áspero a querer volver poco a poco al redil comunitario en algunos ámbitos, como la defensa o la cooperación educativa.
Pero la situación va más allá: las últimas elecciones locales muestran un panorama que genera dudas de la propia viabilidad del Reino Unido en el futuro. En el País de Gales, el partido nacionalista Plaid Cymru se ha convertido por primera vez en la primera fuerza del Parlamento regional. Por su parte, los nacionalistas escoceses del SNP siguen teniendo la mayoría en Edimburgo, con la memoria de la afrenta que sintieron al decidir seguir vinculados al Reino Unido en el histórico referéndum de 2014 (principalmente por la espinosa cuestión de la permanencia europea) para un par de años después verse arrastrados por el voto a favor del Brexit, mayoritariamente inglés.
Al otro lado del mar de Irlanda, los nacionalistas irlandeses del Sinn Feinn han dado un vuelco histórico en el parlamento norirlandés, haciendo el sueño de la reunificación irlandesa un proyecto político con cada vez más partidarios, tanto en Belfast como Dublín.
Y mientras las caras del primer ministro Keir Starmer y sus compañeros laboristas son cada vez más sombrías, Nigel Farage, el gran ideólogo del UKIP y padre del Brexit sonríe con ganas, puesto que su plataforma de derecha dura Reform UK ha conseguido los mejores resultados de su corta historia, aumentando la brecha entre la Inglaterra más tradicionalista y nacionalista y los otros territorios del Reino Unido. La crisis de Londres inquieta en Cardiff y Edimburgo, y si la situación continuase, quizá la idea de una desmembración del Reino Unido no parece tan descabellada…




