Actualmente el régimen cubano atraviesa problemas internos (burocracia ineficiente, infraestructura obsoleta, corrupción en el aparato gubernamental, deficiencia en los servicios públicos) que sumados al bloqueo económico y a las presiones del gobierno de Estados Unidos, tienen a la isla del Caribe en una crisis económica y social que no había experimentado desde el periodo especial[i]
Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, se encuentra totalmente aislado en el plano internacional. Sus grandes aliados internacionales, China y Rusia, se encuentran en circunstancias internas y externas que han ocasionado que el tema cubano esté fuera del radar de sus prioridades; Rusia, sometida a una guerra en la que si bien gana terreno, actualmente se encuentra estancada y no encuentra cómo salirse, en tanto que China está buscando la manera de hacerle frente a Estados Unidos en el plano económico y tecnológico a fin de posicionarse mejor en los diferentes territorios donde existe una disputa geoeconómica entre ambos países.
En el plano doméstico, no existe un mea culpa profundo por parte del régimen cubano sobre la pésima gobernanza que ha ejercido en las últimas décadas, aunque admite que su burocracia ha sido un mal que ralentiza el desarrollo económico del país. La incipiente apertura al capital privado, iniciada con Raúl Castro en 2011 y posteriormente en 2015 con la reanudación de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, no fue suficiente. Cubanos en el extranjero que han emprendido negocios fuera de la isla (en su mayoría viviendo en Estados Unidos) mencionan que solo es posible realizar inversiones y abrir negocios en su país si se es cercano al régimen o si se cuenta con contactos o amistades dentro de la estructura gubernamental. De momento, solo está permitido abrir negocios dedicados a la hostelería (en su mayor medida) y otras pequeñas actividades económicas, pero la mayoría de estas deben contar con una autorización expresa del Estado.
Como mencioné líneas arriba, el régimen cubano se encuentra aislado internacionalmente. Estados Unidos, expresamente en su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), publicada en noviembre de 2025, menciona que implementará la Doctrina Monroe para recuperar el hemisferio occidental (de acuerdo con la óptica imperialista estadounidense, América Latina les pertenece), que ha estado bajo la órbita de potencias como Rusia y China; sobre todo esta última en el plano económico.
¿Qué puede hacer el régimen para afrontar su implosión, en gran medida originada por las presiones estadounidenses? Díaz-Canel y el Politburó del Partido Comunista de Cuba consideran que una apertura completa de la economía podría ser la solución a buena parte de los problemas económicos y sociales que enfrenta actualmente Cuba. Se ha hablado de la posibilidad de que Cuba emule lo que hizo China a finales de la década de 1970: ser una economía de mercado, pero con un régimen político cerrado.
En aquel tiempo, a la muerte de Mao Zedong, llegó un nuevo liderazgo al régimen político chino: Deng Xiaoping, quien es el diseñador, constructor y ejecutor de la China moderna que hoy conocemos; Deng edificó una economía social de mercado con características chinas (como así le denominan los propios chinos a su modelo económico). Deng decía: “El mercado es un pésimo amo, pero un excelente esclavo”; pues bien, en resumidas cuentas este es el modelo chino el cual buscaría replicar Cuba. En China la mayoría de las actividades económicas se rigen por el libre mercado, salvo aquellas consideradas estratégicas, como la banca, el petróleo y las telecomunicaciones, aunque en algunas de ellas participa el sector privado.
Sin embargo, el contexto histórico y político de China es muy diferente al cubano. Primero, esta isla del Caribe se encuentra a apenas unos cientos de kilómetros de su máximo antagónico político e ideológico: Estados Unidos. Aunque Cuba abriera totalmente su economía, requiere transformaciones internas en su burocracia que, al día de hoy, no se ve cómo resuelvan. No hay tecnócratas e intelectuales orgánicos cubanos que tengan un plan para abrir la economía cubana. Tampoco se ve que haya un recambio generacional dentro de la élite política en el corto plazo que profundice los cambios económicos que el país requiere.
De igual manera, hay otro problema: los cubanos y cubanoamericanos que viven en el estado de Florida, un estado que políticamente le reditúa mucho al Partido Republicano en cuanto a votos y que es clave en las elecciones presidenciales. Los cubanos, cubanoamericanos y estadounidenses con ascendencia cubana radicados en este estado mencionan que el cambio político en Cuba es una condición sine qua non para que haya un cambio económico, de otra manera no es posible que llegue inversión extranjera y sea una economía abierta al sector privado; exigen a toda costa la caída del régimen comunista. Este sector del electorado de Florida tiene un peso relevante en el Partido Republicano.
Una estrategia que el gobierno cubano podría adoptar en el corto plazo, al menos para paliar los problemas urgentes que hay en la isla, es encontrar un interlocutor idóneo con el gobierno trumpista. En febrero de este año, algunos medios de comunicación estadounidenses señalaban a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado «El Cangrejo» y nieto de Raúl Castro, como interlocutor con Marco Rubio, secretario de Estado del gobierno estadounidense. Sin embargo, a la luz de los últimos acontecimientos esta relación parece haberse complicado. Hace unos días la administración trumpista impuso nuevas sanciones contra empresas estatales y militares del régimen cubano, por lo que se deduce que dicho interlocutor no ha logrado grandes acuerdos con Washington.
Estados Unidos, en esta reconfiguración geopolítica y geoeconómica que se está asentando en el mundo, busca abiertamente a través de su Doctrina Monroe alinear políticamente a todos los gobiernos de América Latina a sus designios; Cuba no escapa a este propósito. El gobierno trumpista necesita victorias. La guerra con Irán ha sido un fracaso para Estados Unidos; no está logrando el cometido principal de esta guerra: derrotar al régimen iraní que hoy detenta el poder.
La intervención en Cuba podría ser el pretexto ideal para Trump para obtener réditos electorales en el corto y mediano plazo. Habría que ver cómo se da esta intervención. Una invasión militar resultaría complicada, sobre todo por la situación social que atraviesa el pueblo cubano. ¿Sería una intervención como la de Venezuela? No hay que descartar este escenario. La administración trumpista podría negociar con el régimen para que haya un cambio de mando y coordinarse con la élite política cubana para que, en común, designen a un político que se acomode al interés de Washington.
Recientemente, Marco Rubio declaró ante los medios de comunicación que antes de que concluya el mandato de Trump el destino de Cuba experimentará un giro drástico. Habrá que atenerse a los acontecimientos para comprobar el rumbo de este cambio, que estará condicionado por las acciones de la administración trumpista, a menos que ocurra otra cosa.
[i] Bajo la gestión de Fidel Castro, Cuba vivió también una crisis económica y social a raíz de la caída y desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS); a este suceso se le conoce como periodo especial, que abarcó desde 1991 hasta el 2000.




