Esta mañana, los ocho miembros clave de la OPEP+ (Arabia Saudí, Rusia, Emiratos, Kuwait, Irak, Kazajistán, Argelia y Omán) se han reunido en videoconferencia de emergencia y han decidido aumentar la producción en 206.000 barriles diarios a partir de abril. La cifra está en el punto medio de un debate interno que oscilaba entre los 137.000 bpd más cautos y los 548.000 que algunos empujaban. La señal es clara: el cartel quiere enfriar un mercado que el viernes ya cotizaba el Brent a 72,48 dólares (máximos desde julio) con analistas de Barclays y RBC advirtiendo que el conflicto en Oriente Medio podía llevar el crudo por encima de los 100 dólares por barril.
Lo que más llama la atención de esta decisión no es el volumen anunciado, sino el contexto en que se anuncia: el principal corredor de exportación del petróleo del Golfo lleva más de 24 horas prácticamente cerrado. Desde el sábado, tras el inicio de la Operación Furia Épica de EEUU e Israel sobre Irán, Teherán ha advertido a los armadores que el área es peligrosa, lo que ha paralizado el tráfico de petroleros a través del Estrecho de Ormuz. Por ese paso circulan normalmente unos 15 millones de barriles diarios de crudo y 5,5 millones de productos refinados, lo que supone más del 20% del petróleo que se mueve por mar en todo el planeta. Aumentar producción con el Estrecho de Ormuz bloqueado es como abrir más una llave de paso con la tubería cortada. El agua no llega de todas formas.
La capacidad de maniobra real de la OPEP+ en este escenario es más limitada de lo que parece. El cartel tiene en reserva unos 3,5 millones de barriles diarios de capacidad ociosa, pero esa reserva está concentrada casi exclusivamente en Arabia Saudí y los Emiratos, que son los únicos con infraestructura suficiente para reaccionar con rapidez. Y son precisamente esos dos países los que tienen sus instalaciones de exportación en el Golfo, la zona más expuesta a las represalias iraníes. El mercado ya lo está leyendo así: el WTI cerró el viernes a 67,02 dólares (su mayor subida semanal en meses) y esta mañana ha llegado a tocar los 67,78. La diferencia entre capacidad de producir y capacidad de exportar nunca había sido tan relevante como hoy.
En términos geoeconómicos, el movimiento de la OPEP+ tiene también una lectura política que no conviene ignorar. Arabia Saudí llevaba semanas aumentando silenciosamente su producción y sus exportaciones en previsión de los ataques, lo cual nos lleva a pensar que Riad tenía información anticipada o al menos leía la situación con claridad. Hoy el reino saudí se coloca como el estabilizador del mercado energético global en el momento en que su principal rival regional, Irán, queda fuera de juego como productor exportador. Si el flujo iraní se interrumpe de forma duradera, la falta que deja es tan sustancial que hace que los 206.000 barriles extra de OPEP+ parezcan insignificantes.
Lo que el mercado está barajando esta semana (petróleo en zona de 70-80 dólares con riesgo de picos hacia los 100) refleja exactamente esa incertidumbre: no sabemos si el Estrecho se reabre en días o en semanas, no sabemos cuánto daña el conflicto a la infraestructura iraní y no sabemos si la decisión de la OPEP+ de esta mañana será suficiente señal para calmar a los inversores. Lo que sí sabemos es que la arquitectura energética global acaba de entrar en una zona de máxima fragilidad.




