Durante décadas, el concepto de descolonización ha representado la legítima emancipación de pueblos sometidos a potencias extranjeras. Sin embargo, en los últimos años ese término ha sido adoptado también por movimientos que persiguen objetivos muy distintos.
Una parte del islamismo político y de las organizaciones yihadistas utiliza el lenguaje de la “descolonización” para presentar su proyecto como una lucha de liberación frente a Occidente. Sin embargo, su objetivo declarado en numerosos documentos y discursos no consiste en construir sociedades más libres o pluralistas, sino en sustituir el orden liberal por un sistema basado en una interpretación rigorista de la ley islámica.
La paradoja resulta evidente: se habla de descolonizar mientras se promueve una ideología con aspiraciones universalistas que pretende extender un determinado modelo político, jurídico y social mucho más allá de los países de mayoría musulmana.
Esta estrategia también encuentra eco en determinados sectores de la izquierda occidental, donde conceptos como colonialismo, opresión o resistencia son reinterpretados hasta el punto de compartir, en ocasiones, espacios de protesta con grupos cuyos principios fundamentales chocan frontalmente con los valores democráticos, la igualdad entre hombres y mujeres, la libertad religiosa o los derechos de las minorías sexuales.
No toda reivindicación de la descolonización responde a esta lógica, ni todo activista que emplea ese término comparte esos objetivos. Pero ignorar que determinadas organizaciones islamistas utilizan ese discurso como instrumento de legitimación supone renunciar a comprender una parte importante de la batalla ideológica actual.
La defensa de la democracia liberal no consiste en negar los errores históricos de Occidente, sino en reconocer que la respuesta a esos errores no puede ser sustituir un modelo imperfecto por otro que limite libertades fundamentales. La verdadera descolonización debería ampliar los derechos de las personas, no reemplazarlos por un proyecto político-religioso incompatible con el pluralismo y la libertad individual.




