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La última incógnita del Brexit ya tiene respuesta: así cambia Gibraltar

La desaparición de la Verja, el nuevo modelo de controles y las dudas sobre Schengen convierten este tratado en uno de los cambios más importantes en la historia reciente del Peñón

Bruselas ha presenciado hoy la firma de un acuerdo histórico: tras más de cinco años de negociaciones, la Unión Europea y el Reino Unido han suscrito el tratado que regulará el futuro de Gibraltar y que comenzará a aplicarse de manera provisional mañana, 15 de julio. El acuerdo, firmado por el comisario europeo Maroš Šefčovič y el secretario de Estado británico para Europa, Stephen Doughty, con la presencia del ministro español José Manuel Albares y del ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, marca un antes y un después en la relación entre Gibraltar y España. Sin embargo, para entender la trascendencia del acuerdo, debemos remontarnos más de trescientos años.

Un conflicto con más de tres siglos de historia

Gibraltar pasó a manos británicas durante la Guerra de Sucesión Española en 1704. Nueve años después, el Tratado de Utrecht (1713) cedió a la Corona británica «la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas», aunque España nunca ha renunciado a su reivindicación sobre la soberanía. Desde entonces, la cuestión de Gibraltar ha sido uno de los principales puntos de fricción entre ambos países. 

La conocida Verja de Gibraltar no existió desde el principio, sino que fue el Reino Unido quien decidió levantarla en 1908, instalando una barrera metálica sobre el istmo que une el Peñón con la península. El Gobierno británico justificó la medida alegando motivos de seguridad, aunque España rechazó la construcción al considerar que el istmo no había sido cedido por el Tratado de Utrecht y que, por tanto, la valla se había levantado unilateralmente. Por este motivo, España nunca ha reconocido la Verja como una frontera internacional propiamente dicha. 

Décadas después, la Verja se convirtió en un símbolo político cuando en 1969 el régimen de Franco ordenó el cierre completo de la misma, en respuesta a la nueva Constitución gibraltareña y al referéndum celebrado dos años antes, en el que la gran mayoría de los habitantes del Peñón votó en contra de pasar a formar parte de España. Durante trece años quedaron interrumpidas las comunicaciones por carretera, el tránsito de trabajadores y los contactos familiares entre Gibraltar y la Línea de la Concepción.

La reapertura comenzó de forma parcial en 1982, permitiendo de nuevo el paso de peatones, y no fue hasta 1985 cuando la frontera se abrió completamente. Desde entonces, la Verja permaneció como punto de control en la frontera exterior del espacio Schengen, hasta que el Brexit volvió a situarla en el centro del debate. 

¿Por qué es relevante el nuevo acuerdo?

El nuevo tratado cambia por completo el funcionamiento de la frontera entre Gibraltar y España. Aunque el acuerdo no altera la cuestión de la soberanía del Peñón, modifica la forma en que personas y mercancías podrán cruzar entre ambos territorios, eliminando gran parte de las consecuencias que había generado el Brexit.

En el plano económico, el tratado afectará positivamente al comercio, puesto que, a fin de eliminar los controles fronterizos para los productos que circulen entre ambos territorios, Gibraltar y la UE establecerán una unión aduanera específica. A cambio, Gibraltar adaptará parte de su normativa aduanera y fiscal a los estándares europeos para evitar distorsiones económicas, especialmente en sectores sensibles como el tabaco. El objetivo es reducir el contrabando, agilizar el transporte de mercancías y reforzar la integración económica de ambos lados de la frontera. 

Desde el punto de vista social, el acuerdo contempla la eliminación de la Verja, con lo que dejarán de existir los controles en la frontera terrestre. De este modo, el paso entre ambos lados funcionará de forma similar al existente entre los países del espacio Schengen. Traducido al día a día, esto significa que las personas podrán cruzar sin detenerse para someterse a controles fronterizos rutinarios, lo que reducirá los tiempos de espera y facilitará la movilidad diaria de miles de trabajadores y residentes de ambos lados de la frontera: cada día, alrededor de 15.000 trabajadores transfronterizos cruzan la frontera para desarrollar su actividad laboral en el Peñón.

La confusión sobre Schengen 

En las últimas horas, se ha simplificado el asunto y se ha extendido la idea de que con el acuerdo «Gibraltar entra en Schengen», pero jurídicamente no es exacto. Lo que hace el tratado es aplicar las reglas Schengen a través de un mecanismo específico diseñado para el Peñón, pero manteniendo la soberanía británica en el territorio. 

Para entender este cambio conviene recordar cómo funciona Schengen. El sistema está formado por una serie de países europeos que han eliminado los controles fronterizos entre ellos, por lo que una vez una persona entra legalmente en ese espacio, puede desplazarse de un país a otro sin volver a mostrar el pasaporte. Para ello, el sistema exige que los controles se realicen en las fronteras exteriores, es decir, en los puntos de entrada al área Schengen.

Hasta ahora, el límite terrestre entre Gibraltar y España actuaba como una de esas fronteras exteriores, ya que Gibraltar permanecía fuera del espacio Schengen. Con el nuevo tratado, esa lógica cambia: la frontera exterior deja de situarse en la Verja y se traslada al puerto y al aeropuerto de Gibraltar. Allí será donde se realicen los controles de entrada al área Schengen, aplicando la normativa europea. En primer lugar, las autoridades gibraltareñas comprobarán que el viajero cumple los requisitos para acceder al territorio británico. Después, agentes españoles realizarán el control Schengen para verificar que también reúne las condiciones necesarias para entrar en el espacio europeo. Solo tras superar ambos controles se podrá acceder libremente tanto a Gibraltar como posteriormente a España. En la práctica, el resultado será muy parecido al funcionamiento habitual del espacio Schengen, lo que facilitará el paso de los trabajadores que cruzan diariamente entre ambos territorios. 

Cambio de paradigma en las relaciones entre la UE y el Reino Unido

El acuerdo va mucho más allá de facilitar el paso por la frontera y representa un cambio de enfoque en uno de los conflictos territoriales más antiguos de Europa occidental. La relación entre España y el Reino Unido en torno al Peñón ha estado marcada desde el inicio por los desacuerdos sobre la soberanía y, aunque el tratado no resuelve esa disputa histórica, demuestra que es posible aislarla de la gestión de los problemas cotidianos y construir soluciones basadas en la cooperación.

Para la Unión Europea, el pacto supone además el cierre del último capítulo del Brexit. Seis años después de la salida del Reino Unido, Gibraltar era el único territorio cuya relación con el mercado interior y con el espacio Schengen seguía sin un marco jurídico estable. Para el Reino Unido, el tratado tiene una dimensión estratégica, ya que ha logrado preservar la soberanía al tiempo que garantiza un modelo que facilita la movilidad de personas y el comercio. 

El acuerdo no pone fin al debate sobre la soberanía de Gibraltar, pero sí inaugura una etapa en la que el diálogo sustituye a la confrontación como herramienta política para gestionar un conflicto enquistado. En un contexto internacional marcado por la hostilidad, el entendimiento alcanzado demuestra que incluso los conflictos más enquistados pueden encontrar vías de entendimiento sin necesidad de resolver todas sus diferencias. 

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Balbanuz Ferreras Parés

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