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León XIV y África: proyección del Vaticano en el siglo XXI

Durante su visita a África, el papa León XIV destacó la importancia del diálogo y la reconciliación entre los pueblos. En sus encuentros con comunidades locales, subrayó el compromiso del Vaticano con las regiones más vulnerables, llamando a una mayor solidaridad internacional y a la construcción de puentes entre culturas.

León XIV y África: proyección del Vaticano en el siglo XXI

 

La gira del Papa León XIV en África que ha terminado en Guinea Ecuatorial representa un gesto audaz de la diplomacia vaticana en el siglo XXI, consolidando una posible ruptura con el rol supervisor del poder tradicional de Occidente.

Al aterrizar en Malabo tras recorrer Argelia, Camerún y Angola, el primer pontífice estadounidense de la historia ha ejecutado demostraciones de una geopolítica magistral e independiente, utilizar su origen norteamericano no para validar la agenda de Washington, sino para desmantelar la superioridad moral de las potencias que hoy incendian el tablero global.

En un momento en que el presidente Donald Trump redefine el orden mundial mediante la fuerza y el aislacionismo, León XIV ha respondido desde el corazón de África con una diplomacia que desafía tanto el expansionismo económico de China como el intervencionismo militar de los Estados Unidos. Su denuncia explícita de los bombardeos en Irán, realizada mientras sobrevolaba suelo africano, fue una declaración de soberanía espiritual. El Papa ha dejado claro que la Iglesia católica no es el «representante de la visión de Occidente», sino el defensor de todos y en particular modo de un Sur Global que domina siempre más la escena global como un actor principal en el tablero geopolítico.

Con la visita en Argelia, se cumplió por la primera vez un viaje del papa en un país de mayoría musulmana. León XIV busca que la religión sea un factor de orden y no de caos, asumiendo un rol de conciliador con el islam. El Vaticano se posiciona como el mediador que Europa necesita para gestionar la crisis migratoria y la estabilidad en el norte de África, un rol que las instituciones políticas de la UE no han logrado consolidar nunca.

Este viaje ha tenido un impacto moral significativo al tocar los problemas principales de la región: la cleptocracia y el olvido por parte de los políticos y de las instituciones locales. El Papa puso el foco sobre la contradicción de países con inmensa riqueza natural y poblaciones sumidas en la pobreza.

Hay también otro mensaje profundo en su elección del español y el portugués como lenguas de esta visita, está tejiendo un bloque transcontinental que une a Iberoamérica con África, creando un contrapeso cultural y ético frente al materialismo de las superpotencias.

Lo que el Papa busca en África es una «insurrección a la dignidad y a la autonomía», convencer a las naciones africanas de que su riqueza no reside en el subsuelo que otros saquean y aprovechan, sino en una juventud que debe dejar de ser carne de migración para convertirse en dueña de su destino. Con este viaje, el Vaticano se postula como la única institución global capaz de hablarle de tú a tú a los tiranos y jefes de estado, recordando que mientras el mundo se mide en barriles de crudo y capacidad nuclear, el verdadero poder geopolítico del futuro se decidirá en la capacidad de pacificar el espíritu humano y redistribuir la esperanza en las periferias del mundo. Estos dos, factores fundamentales para crear estabilidad y riquezas tangibles.

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Roberto Pipia

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