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LIBRO BLANCO DE DEFENSA JAPÓN 2026: LA TIERRA DEL SOL NACIENTE DESENVAINA LA KATANA

La publicación del Libro Blanco de la defensa nipona desvela el nuevo panorama geoestratégico japonés

Una de las consecuencias del efervescente tiempo geopolítico en el que vivimos es el cambio de posturas que parecían inmutables: Suecia y Finlandia abandonaron su tradicional neutralidad uniéndose a la OTAN por las tensiones con Rusia, Canadá ha dejado de ver a su vecino continental como amigo y aliado… pero sin duda alguna, uno de los países que más ha cambiado su visión geopolítica en los últimos años es Japón.

El país del Sol Naciente, que mantenía una postura antibelicista y antimilitarista desde su rendición a finales de la Segunda Guerra Mundial, se ha visto obligado a repensar su visión del mundo, a raíz de la creciente agresividad de China en Asia, la sorprendente complacencia de Estados Unidos frente a Corea del Norte y la siempre latente tensión con Rusia por su presencia en las Kuriles y el eje reforzado Moscú-Pekín-Pyongyang, una convergencia estratégica preocupante que podría tornarse en un frente combinado en un hipotético conflicto.

El nuevo Libro Blanco de defensa nipón para el año 2026 da buena cuenta de esta nueva y cruenta realidad: Japón ya no opera bajo las lógicas de las Fuerzas de Autodefensa dedicadas a la estricta salvaguardia de su soberanía, sino bajo las de un auténtico ejército moderno con capacidades operativas de alto nivel, capaz de mantener un enfrentamiento continuado y prolongado por tierra, mar, aire y ciberespacio. Si bien el libro blanco no renuncia en su vocabulario a la vocación defensiva de las FF. AA japonesas y a la –por el momento- no proliferación nuclear, Tokio afirma su voluntad de dotarse de capacidades ofensivas de vanguardia, con armamentos de largo alcance, incluidos los supersónicos y los no tripulados, escudos antimisiles más capaces y, como novedad, una auténtica estructura de mando integrado para sus fuerzas armadas, un Estado Mayor, que oficializa la transición gradual de unas Fuerzas de Autodefensa a unas Fuerzas Armadas, un Ejército, con todo lo que ello supone.

Una transición que obedece, según Tokio, a un entorno estratégico mucho más complejo en Asia, en la que China se torna el gran rival y la gran amenaza para el país del Sol Naciente. Japón toma nota de las lecciones enseñadas por Taiwán y su “estrategia del puercoespín” , que busca convertir una eventual invasión aeronaval una auténtica pesadilla logística- y sobre todo de Ucrania. El conflicto que asola el Este de Europa ha demostrado que la guerra del siglo XXI obedece a una lógica de ejércitos compuestos de sistemas no tripulados de bajo coste, donde la innovación, adaptación técnica y desarrollo constante ofrece un flujo de información sin descanso desde las trincheras y los laboratorios y talleres de ensamblaje de los armamentos, y donde el consumo desmesurado de munición obliga a una vigilancia cuidadosa de los stocks de armamentos y un gran refuerzo de la capacidad productiva de la industria militar. Sin olvidar, por supuesto, la propaganda y las redes sociales, donde los contenidos generados por IA, la desinformación y las acciones de ciberguerra (sabotajes, ataques informáticos) se vuelven tan o más destructivos incluso que el más preciso de los bombardeos.

Es por ello que, a partir de octubre de este año, Tokio autoriza a sus Fuerzas de Autodefensa a adoptar enfoques más asertivos, incluyendo la ejecución bajo ciertos supuestos, de ataques informáticos contra dispositivos extranjeros que hayan servido para lanzar ataques cibernéticos contra intereses japoneses, así como la opción de atacar objetivos fuera del país, ya sean bases de misiles, navíos de guerra, centros de mando o  desarrollando una capacidad de contra-ataque creíble. La lógica del documento es clara: esperar que los misiles enemigos alcancen Japón supone dejar la supervivencia del Estado en manos de la intercepción, acción que ningún sistema —como deja bien claro la película “House of Dynamite”- puede garantizar de forma absoluta. Asimismo, la proliferación en el campo de batalla de drones y otros sistemas de bajo coste destinados a saturar las defensas obliga a la adopción temprana de tecnologías láser, guerra electrónica y otras tecnologías de contraste de esta nueva amenaza. Por último, la gran renovación y la automatización de la Armada japonesa es el puntal de la nueva “Defensa litoral sincronizada, híbrida, integrada y reforzada” que ansía dotar al archipiélago de toda una red de medios aéreos, terrestres y marítimos no tripulados, incluyendo drones aéreos de fácil ensamblaje y despliegue por parte de operadores del ejército, sistemas de vigilancia de las aguas territoriales más lejanas de las islas principales, embarcaciones no tripuladas y pequeños submarinos para la detección de amenazas marinas. Aplicando las enseñanzas de Taiwán, Japón busca dotar a su territorio de una red de defensa multicapa, versátil y muy difícil de neutralizar: el objetivo es que el potencial adversario deba identificar, destruir y abrirse paso entre los miles de pequeños sistemas destinados a ser la primera línea de defensa en las aguas territoriales, los litorales y las costas japonesas.

En definitiva, el Libro Blanco de defensa japonesa de 2026 supone dejar atrás la vocación pacifista forjada tras la derrota japonesa de 1945 y desenvainar la katana de la guerra. El Imperio del Crisantemo se rearma de forma lícita por las múltiples y reales amenazas en su entorno estratégico. Pero también es lícito preguntarse si este rearme de los grandes actores de Asia y del Pacífico vendrá acompañado de estrategias diplomáticas y políticas para poder mantener la paz en la región.

 

 

 

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David Cardero Ozarín

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