«Estoy aquí para decirles, de modo categórico, que Maquiavelo ha muerto».
Así empezó un jefe de Estado su intervención en la Annual Meeting Davos 2026. Ante esta sentencia en clave kantiana (modo categórico) cabe preguntarse por la capacidad real de los agentes políticos de prescindir absolutamente del ars politica en clave maquiavelista (Friedrick Meinecke).
Acusación: haber puesto negro sobre blanco el submundo sociopolítico y religioso del egocentrismo occidental: «Machiavel n’a fait qu’exprimer les mœurs de son époque» (M. Max Lerner), y, sobre todo, posteriormente. Evidentemente.
En efecto, la nutrida experiencia política del autor de El Príncipe en el seno del Partido Popular de Florencia y la etapa vivida al servicio de los Medicis (déçu des deux côtés), le autorizan para hacer emerger en la esfera de la conciencia colectiva el modus vivendi et facendi de los responsables de la polis (sentido aristotélico): «La politique de puissance existait avant qu’on n’eût jamais entendu parler de Machiavel, elle existera longtemps après, quand le monde de celui-ci ne sera plus qu’un faible souvenir «. Maquiavelo revela a plena luz la inmundicia subyacente en los hombres y las mujeres en política. Y más aún, afirma que tal submundo constituye la regla de la acción política: «Ce qui était simple fait, après Machiavel est devenu droit«.
La verdadera acusación que se ha ganado a pulso el florentino es la de haber sido el primero en romper en pedazos los lazos armoniosos que deben o deberían existir entre la política y la ética de modo espontaneo e intuitivo. Dicha fractura se ha cobrado una antinomia entre idealismo (deontología) y realismo (realpolitik). Se trata, por tanto, de un antagonismo al más alto nivel en la gobernanza de la cosa común en la era moderna y posmoderna.
El positivismo económico de la escuela austriaca de economía ha sentado las bases con el objeto de expulsar cualquier indicio de la sombra (faible souvenir) de Maquiavelo en la Oikonomia. En efecto, la noción filosófica de Bien común significa heterodoxia para los discípulos de la escuela austriaca. Por eso, su representante más activo y popular en la actualidad ha proclamado recientemente la muerte del florentino en la asamblea anual de jefes de Estados y de gobiernos ante la atenta mirada de los grandes teóricos y operadores de los modelos económicos del mundo. El galardonado por la Sociedad Hayek (2024), además, se fundamenta en las reflexiones y los ensayos del economista que él mismo cita en el discurso en Davos: (www.jesushurtadodesoto.com). He de reconocer que el Profesor Hurtado de Soto lleva a cabo un esfuerzo intelectual sin medida por dar oxígeno filosófico a los postulados científicos de algunos modelos teóricos económicos ante la crisis del colapso del positivismo radical. La desigualdad social es un indicador de la crisis.
Efectivamente, la noción de justicia social, que debe guardar una natural y armoniosa relación con la noción de Bien común, representa, por tanto, una amenaza a los ojos de los discípulos de Hayek, Mises y Rothbard y constituye, por ende, un elemento apócrifo de acuerdo con la filosofía económica profesada en la escuela austriaca. La diatriba se resume de esta manera: «lo justo no puede ser ineficiente, ni lo eficiente injusto» (Jesús Hurtado de Soto Ballester). Sin embargo, la categoría de Bien común ha sido reconocida, valorada e integrada por la conciencia moral colectiva y cierta praxis política como un avance civilizatorio indispensable para occidente. Ahora, pienso yo, la misma madurez política y ética de la conciencia colectiva reclama la rectificación de la acción de la política en general y en particular desde la perspectiva económica.
Es verídico que Maquiavelo es el responsable más inmediato del conflicto en cuestión. Pues ha desvirtuado la epistemología de la política y ha tergiversado la subsiguiente ejecución del fin genuino de la acción política. En su perspectiva, la política es vista como el ámbito por antonomasia del egoísmo, del éxito y el poder. El agente político maquiavelista debe ser malo (Lord Acton). Por otro lado, el fin de la política consiste en la conquista y la conservación del poder, es decir, se limita en la ejecución de una obra de arte. Por el contrario, de acuerdo con la naturaleza de las cosas, el fin de la política es el Bien común, tanto material, intelectual como moral. Dicho de otro modo, el fin de la acción política es el bonum honestum. Las nociones de justicia social y de solidaridad cívica constituyen el cemento del Bien común nacional e internacional. La lógica maquiavelista chirría ante esta tesis consolidada por la conciencia colectiva: «Ce bien commun est la vie bonne du tout social comme tel, de la multitude assemblée, de telle sorte que le trésor et l’héritage croissant des biens communicables inclus dans cette vie bonne du tout, soit reversé et redistribué d’une certaine façon à chacun des membres de la communauté» (Maritain).
Pese el uso erróneo y antinatural tanto de la hermenéutica de la ciencia política por parte de los teóricos como de la ejecución de la acción política por parte de sus operadores, los poderosos modernos han asumido y siguen asumiendo la lógica maquiavélica, sea en menor o en mayor grado. Por lo tanto, ¿Qué consecuencias se derivan de la proclamación de Maquiavelo en Davos? ¿Cuál es el tipo de maquiavelismo cuya muerte ha certificado el forense? se trata de una muerte absoluta o simplemente una declaración retorica?
Hasta ahora se ha tenido conocimiento formal de dos modelos: el maquiavelismo absoluto y el maquiavelismo moderado. Su versión 1.0, es decir el Macchiavello en su crudeza, ha sido nutrida intelectualmente por el positivismo del siglo XIX, y preparada la filosofía romántica alemana (Fichte y Hegel). concibe la política como una ciencia natural, es decir, la aplicación de leyes científicas en la lucha vital de las sociedades humanas. Desde esta perspectiva, el Poder y el éxito se convierten en únicos criterios interpretativos en la concepción intelectual y en la acción políticas. Por otro lado, se encuentra la versión 1.0.0, esto es, el maquiavelismo ingerido como sirope en la era contemporánea: «Un machiavélisme respectable, conservateur, usant de l’injustice dans des limites raisonnables (realpolitik) : recouvert et plus ou moins paralysé soit par un assortiment personnel de règles et de scrupules moraux, soit par des traditions de convenances diplomatiques et de bonne tenue, soit par manque d’imagination, de hardiesse ou gout du risque«.
Prometo seguir muy cerca los pasos políticos y económicos del sentenciador de Maquiavelo con el objeto de identificar el sustrato filosófico, en primer lugar, a través del análisis cuidadoso de sus decisiones políticas, y verificar las consecuencias de su aplicación concreta en materia económica. En cualquier caso, la madurez que ha alcanzado la conciencia colectiva, en términos políticos, éticos y moral, no sólo de occidente sino de la comunidad internacional en su conjunto, sueña con el final definitivo de cualquier tipo de aplicación de la praxis de las teorías suscritas en la obra más famosa de Maquiavelo (El Príncipe).
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Wooby O. Jacques Oris




