Marruecos acaba de anunciar que una de sus grandes autovías llevará el nombre de Donald Trump. La carretera llevaba años construyéndose, pero el anuncio llega ahora. En geopolítica, los símbolos rara vez son casuales.
Lo preocupante no es el nombre de la autovía. Lo preocupante es que en España seguimos viendo estos acontecimientos como hechos aislados, cuando las grandes alianzas estratégicas se construyen durante décadas. Mientras aquí el debate gira casi exclusivamente en torno a la política interna, Marruecos ha reforzado su relación con Estados Unidos y, en los últimos años, también con Israel.
Ceuta, Melilla, el Estrecho, el Sáhara Occidental o la presión migratoria no son cuestiones lejanas. Afectan directamente a la seguridad y a los intereses estratégicos de España.
Y resulta llamativo que muchos partidos españoles, especialmente aquellos que sitúan la defensa del interés nacional en el centro de su discurso, apenas promuevan un debate profundo sobre estas alianzas y sobre sus posibles implicaciones para España. Se puede discrepar sobre las respuestas, pero ignorar el debate no hace desaparecer el problema.
Quizá la verdadera pregunta no sea por qué Marruecos dedica una autovía a Trump. La pregunta es por qué en España seguimos sin debatir con seriedad sobre los cambios geopolíticos que se están produciendo a pocos kilómetros de nuestras fronteras y qué significan para nuestros intereses nacionales.




