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Más allá de la mina: el dominio chino del refinado y la vulnerabilidad europea

Mientras Europa electrifica su economía y transporte, el procesamiento de los minerales que lo hacen posible sigue concentrado en China. En un creciente contexto de proteccionismo europeo, un eslabón crítico para la transición energética sigue siendo controlado prácticamente en su totalidad por el gigante asiático.

Cuando se habla del Pacto Verde Europeo, el debate suele centrarse en cómo llevar a cabo iniciativas como la electrificación de los transportes dada la escasez de recursos minerales en el suelo del viejo continente. Entre estos recursos minerales críticos para la transición energética, existen 17 elementos químicos, conocidos como “tierras raras”, que son especialmente importantes para la fabricación de los motores eléctricos, los imanes de las turbinas eólicas o las baterías de los vehículos.

Las tierras raras se encuentran concentradas en los territorios de unos pocos Estados y el tipo y la presentación de los elementos varía. Existen dos grupos principales: las tierras raras ligeras (entre las que se encuentran elementos como el Lantano o el Neodimio) y las tierras raras pesadas (que incluyen elementos como el Itrio o el Disprosio). Los depósitos de tierras raras ligeras se presentan en varios países, entre los que destacan China, Vietnam y Brasil, mientras que las tierras raras pesadas, aquellas que son de mayor interés industrial, se concentran mayoritariamente en China.

Respecto al minado, China es el país que domina este paso de la cadena productiva, tanto en la extracción de tierras raras pesadas como en la de tierras raras ligeras, habiendo minado en 2024 en torno al 69% de la producción mundial. El resto de la extracción mundial se da en Estados Unidos, Myanmar, Australia, Tailandia y Nigeria. Usualmente los análisis respecto al carácter estratégico de las tierras raras se centran en el minado, omitiendo el gran problema de fondo: el procesado y refinado.

El 91% del procesado y refinado mundial es llevado a cabo por China; el resto por Malasia, Vietnam y Francia. China posee tecnología para separar tanto tierras raras ligeras como pesadas. El resto del mundo, a excepción de la planta de La Rochelle, únicamente posee tecnología para separar tierras raras ligeras. Aunque se están dando avances en materia de procesado de tierras raras pesadas, principalmente por parte de la empresa Lynas, es previsible que China siga manteniendo esta ventaja estratégica.

Los procesos necesarios para separar y refinar las tierras raras son muy caros, tanto en términos económicos como medioambientales. Esto lleva a que los planes de puesta en marcha de plantas dedicadas a estos fines enfrenten oposición, controversia y un elevado coste de construcción. Adicionalmente, las acciones llevadas a cabo por China, como la prohibición de exportación de la tecnología de extracción y procesado de tierras raras, dificultan en gran medida que otros países puedan construir sus propias instalaciones de procesado y refinado.

El gigante asiático es plenamente consciente de la baza geopolítica que supone esta concentración de etapas críticas para el proceso de producción de tierras raras y ha hecho uso de ella: en el año 2010, resultado de una disputa con Japón, China pausó las exportaciones de tierras raras durante dos meses, causando disrupciones en la industria japonesa. Actualmente, en el marco de la guerra comercial con Estados Unidos, China ha impuesto nuevas restricciones a la exportación de tierras raras.

La transición energética europea supone una reconfiguración industrial muy profunda. La sustitución de los combustibles fósiles por baterías supone una dependencia creciente de los minerales procesados por China, creándose una interdependencia asimétrica y quedando la autonomía estratégica europea profundamente condicionada a tensiones políticas y comerciales. Una disrupción de la cadena de suministros de tierras raras crearía efectos negativos en numerosas industrias, como la automovilística o la de las energías renovables y supondría retrasos significativos en la implementación de la transición ecológica europea.

La propia Unión Europea es consciente de esta vulnerabilidad y está poniendo en marcha programas para relocalizar a suelo europeo parte del proceso de procesado y refinado. En este sentido, se han impulsado la Raw Materials Act y la European Raw Materials Alliance, que buscan la diversificación de proveedores, el fomento del reciclaje y el desarrollo de capacidades de procesamiento en territorio europeo. A fecha de la escritura de este artículo, existen en suelo europeo, aunque con capacidad de producción muy limitada, dos fábricas dedicadas al procesado de tierras raras e imanes: la fábrica de imanes de tierras pesadas de Neo Performance y la planta de procesado de Solvay’ en La Rochelle. Está prevista la construcción y ampliación de nuevas plantas, aunque muchos de estos proyectos están en pausa. 

Cabe preguntarse si, en este mundo de crecientes tensiones y de dependencia de las tierras raras chinas, las acciones que está desarrollando la Unión Europea resultarán suficientes para poder llevar a cabo la transición energética a tiempo, o si los plazos deberían replantearse hasta construir capacidades de autoabastecimiento.

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Andrea Molina Morales

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