En una reciente entrevista, Benjamin Netanyahu lanzó una advertencia que va mucho más allá del conflicto entre Israel y Hamás. El primer ministro israelí sostuvo que el deterioro del apoyo a Israel en Estados Unidos está relacionado con la utilización de las redes sociales como instrumento de influencia política y propagandística.
Su argumento no es que la opinión pública haya cambiado porque existan más usuarios en redes sociales. Lo que sostiene es algo diferente: que determinados actores han aprendido a utilizar esos espacios para amplificar mensajes, construir narrativas e influir sobre audiencias occidentales mediante mecanismos cada vez más sofisticados.
“Tenemos varios países que básicamente han manipulado las redes sociales. Y lo hacen de una manera inteligente. Y eso nos ha perjudicado gravemente”, afirmó.
La acusación resulta especialmente relevante porque no procede de un comentarista o de un académico, sino de un dirigente que lleva décadas participando en campañas de diplomacia pública y comunicación internacional. Netanyahu está describiendo un entorno donde las operaciones de influencia ya no necesitan presentarse como propaganda oficial. Pueden adoptar la apariencia de movimientos ciudadanos, creadores de contenido, activistas o incluso voces aparentemente locales.
La propia noticia menciona investigaciones sobre campañas vinculadas a Irán que habrían difundido mensajes antiisraelíes haciéndose pasar por ciudadanos estadounidenses. Más allá de la veracidad o alcance concreto de cada caso, lo relevante es la lógica que subyace detrás de estas operaciones: influir no mediante la imposición, sino mediante la percepción.
“Puedo pintarte como un monstruo. Y si lo digo suficientes veces, suficiente gente lo creerá.” -Benjamin Netanyahu
La influencia no depende únicamente de los hechos. También depende de quién consigue explicar esos hechos, repetir determinadas narrativas y convertirlas en la interpretación dominante.
Netanyahu reconoce públicamente que la competición geopolítica contemporánea incluye una batalla permanente por la percepción colectiva.




