Tras la crisis migratoria en Ceuta y el anuncio del Gobierno de una partida extraordinaria de 25 millones de euros para atender a menores migrantes no acompañados, Javier Ortega Smith publicó un mensaje muy crítico en sus redes sociales. En él afirma:
”¡¡Qué vergüenza!! No hay dinero para hidroaviones para apagar nuestros incendios ni para nuestros jóvenes, que se tienen que marchar de España y, en cambio, sí hay 25 millones de euros para regalar a quienes asaltan nuestras fronteras, generando más efecto llamada. Que los atiendan Marruecos, EEUU o Israel. Esos 25 millones de euros deberían gastarse en reforzar nuestras fronteras. TRAIDORES.”
Más allá de la crítica al Gobierno, hay un detalle que merece atención. Ortega Smith no se limita a señalar a Marruecos, sino que añade expresamente Estados Unidos e Israel, vinculando a los tres países en un mismo contexto. Esa referencia abre una lectura geopolítica que va más allá del debate sobre inmigración y plantea interrogantes sobre el papel que atribuye a estos actores en la situación actual.
Resulta llamativo que estas declaraciones lleguen después de su salida de la dirección de Vox. Es legítimo preguntarse si un mensaje de este tipo habría sido posible mientras ocupaba un puesto de responsabilidad dentro del partido o si, fuera de la disciplina interna, dispone ahora de mayor libertad para expresar determinadas posiciones.
La pregunta de fondo es otra: ¿hasta qué punto esta visión geopolítica es compartida por los votantes de Vox? ¿Se trata de una posición personal de Ortega Smith o refleja una corriente de opinión más amplia dentro de ese espacio político?




