En los últimos años se ha vuelto cada vez más habitual en el ámbito de las Relaciones Internacionales afirmar que el sistema internacional funciona como un juego de suma cero, en el que el aumento de poder de un Estado implica, de forma necesaria, la pérdida de poder de otro. Bajo esta lógica, la competencia internacional se concibe como un reparto fijo de poder en el que cualquier ganancia es, inevitablemente, una derrota ajena. Pero ¿es realmente correcta esta premisa? ¿Supone el fortalecimiento de un país la pérdida automática de otro?
La realidad internacional desde la II Guerra Mundial parece desmentir esta visión simplificadora. Más que un único juego de suma cero, nos encontramos ante un ecosistema de juegos de naturaleza diversa. En algunos ámbitos, como el comercio internacional, pueden darse dinámicas de suma positiva, donde todos los actores se benefician gracias a la ventaja comparativa. En otros, como el ámbito militar, el resultado puede ser incluso de suma negativa, puesto que los conflictos prolongados generan pérdidas acumuladas para todas las partes involucradas. Analizar la competencia internacional exige, por tanto, identificar qué tipo de juego se desarrolla en cada esfera y comprender que el resultado agregado puede ser positivo, negativo o, solo en ciertos casos, de suma cero.
Desde una perspectiva histórica, el poder de las potencias ha fluctuado en función de múltiples factores, entre ellos el ascenso o declive de otros Estados. Sin embargo, interpretar estas variaciones exclusivamente como un proceso de sustitución entre potencias responde a una concepción marcadamente imperialista del poder, propia de épocas en las que ganar poder equivalía a conquistar territorio y soberanía ajena, como ocurrió en los imperios romano, napoleónico o coloniales. En el contexto actual, el poder se articula a través de dimensiones mucho más complejas que no siempre pueden encajarse en un esquema de suma cero. Si un país aumente su PIB no implica necesariamente que otro lo pierda. Del mismo modo, el desarrollo de capacidades militares puede adoptar formas complementarias y no estrictamente excluyentes.
La creciente interdependencia global plantea así una cuestión central: ¿el auge de una potencia implica hoy la caída de otra o esta lógica solo opera en determinados ámbitos y entre actores concretos? ¿Estamos ante una dinámica aplicable únicamente a las grandes potencias o al conjunto del sistema internacional? Este artículo parte de estas preguntas para cuestionar la validez general del enfoque de suma cero y proponer una idea más matizada y plural de la competencia internacional contemporánea.
1. Más allá de la suma cero y la suma positiva
Durante décadas, la política internacional se ha interpretado mediante dos paradigmas principales. La lógica de suma cero sostiene que la ganancia de un actor implica la pérdida de otro, la cual es típica de confrontaciones militares o rivalidades geoeconómicas. La lógica de suma positiva, por su parte, plantea que la cooperación permite beneficios mutuos y lo podemos observar en acuerdos multilaterales, ganancias del comercio y gobernanza global.
Estos modelos explicaron fenómenos históricos como la Guerra Fría, la globalización de los años 90 y la expansión del multilateralismo. Sin embargo, hoy los actores operan simultáneamente en múltiples arenas de una manera mucho más profunda, mezclando cooperación, competencia y conflictos asimétricos. España y la Unión Europea ilustran cómo un mismo actor puede competir tecnológicamente con un socio, cooperar en cambio climático y depender de él en cadenas energéticas. Esto evidencia que los modelos clásicos no capturan la complejidad del entorno actual.
2. La ecología de juegos
La ecología de juegos concibe la política internacional como un ecosistema de múltiples juegos estratégicos coexistentes, en lugar de uno solo de suma cero o suma positiva. Cada juego tiene actores, incentivos y reglas propias, pero interactúa con otros juegos, se superpone y evoluciona en respuesta a cambios del entorno.
Los actores internacionales no participan en un solo juego, sino que gestionan múltiples juegos simultáneamente. Sus decisiones en un juego afectan y son afectadas por otros, lo que permite explicar fenómenos complejos, como la coexistencia de cooperación y rivalidad con un mismo actor o en una misma región.
3. Tipologías de juegos coexistentes en las relaciones internacionales
En las relaciones internacionales, los estados y actores no estatales participan simultáneamente en múltiples “juegos” estratégicos que se superponen y generan interacciones complejas. Estos juegos no son aislados, puesto que la dinámica global moderna se configura por la combinación de cooperación, competencia, conflicto, interdependencia y reputación.
1. Juegos cooperativos
Los juegos cooperativos son aquellos en los que hay una búsqueda de beneficios mutuos, y, por consiguiente, son de suma positiva. Los actores buscan acuerdos que incrementen el bienestar conjunto, aunque a veces los beneficios no se distribuyen de manera equitativa.
- Ejemplos: diplomacia climática (Acuerdos de París), cooperación en salud global (OMS, vacunación internacional), acuerdos comerciales y gobernanza internacional (OMC, tratados bilaterales y multilaterales).
La cooperación puede medirse en indicadores como aumento de comercio, exportaciones y beneficios compartidos. Por ejemplo, tanto Estados Unidos como China han experimentado incrementos en exportaciones simultáneamente tras acuerdos comerciales multilaterales, lo que evidencia resultados de suma positiva.
No obstante, aunque los juegos cooperativos fomentan beneficios compartidos, también pueden generar dependencias asimétricas o tensiones si un actor percibe que el reparto de beneficios es injusto o que está contribuyendo más de lo que recibe.
Asimismo, la participación en juegos cooperativos puede potenciar la reputación internacional (una de las partes que conforman el soft power), generando legitimidad y apertura a nuevas alianzas.
2. Juegos competitivos
Se basan en la rivalidad estratégica, donde la ganancia de un actor puede implicar la pérdida relativa de otro, aproximándose a juegos de suma cero.
- Ejemplos: carrera tecnológica (IA, energía renovable, microchips), rivalidad geoeconómica, captación de inversiones y control de recursos estratégicos (tierras raras, petróleo).
Estos juegos generan incentivos para innovar y aumentar la eficiencia, lo cual es positivo, pero también riesgos de carrera armamentística o tecnológica, donde la competencia puede volverse destructiva si no hay regulación internacional.
La competitividad puede generar tensiones globales y fragmentación del sistema económico, especialmente si se crean barreras al comercio o sanciones estratégicas. Por este motivo, en relación con el resto de los juegos, la competencia tecnológica puede afectar a juegos cooperativos y de interdependencia. Por ejemplo, la rivalidad en microchips puede limitar la cooperación industrial internacional.
3. Juegos conflictivos
Implican confrontación directa o indirecta, con resultados potencialmente negativos para todas las partes involucradas, por consiguiente, pueden llegar a ser de suma negativa (depende del conflicto).
- Ejemplos: guerras, disputas territoriales, tensiones militares, ciberconflictos, coerción económica o política.
Los conflictos generan externalidades negativas, no solo para los actores en disputa, sino también para terceros, afectando comercio, inversión y estabilidad regional.
Además, en un mundo interdependiente, los juegos conflictivos pueden tener un efecto multiplicador: una guerra regional puede interrumpir cadenas de suministro globales o generar crisis energéticas. Por consiguiente, tiene relación con otros juegos. Actores involucrados en cooperación pueden verse arrastrados al conflicto por alianzas o compromisos previos, mostrando la complejidad de los juegos múltiples.
4. Juegos de interdependencia
La interdependencia se produce cuando las decisiones de un actor impactan significativamente a otros debido a la conectividad económica, energética o tecnológica.
- Ejemplos: cadenas de suministro globales (contenedores, microchips), dependencia energética, materias primas críticas, infraestructura estratégica.
La interdependencia puede generar sumas positivas (eficiencia y crecimiento económico conjunto) o sumas negativas si un actor manipula recursos críticos para obtener ventaja estratégica.
Un punto clave demostrado por la crisis de 2008 o especialmente la pandemia es que la interdependencia crea vulnerabilidades, donde crisis en un país puede propagarse globalmente.
Por tanto, observamos que los juegos de interdependencia coexisten con la competencia y la cooperación: un país puede competir por microchips mientras coopera en salud global y participa en alianzas comerciales.
5. Juegos de reputación y soft power
Los juegos de soft power están basados en la construcción de prestigio, legitimidad y atractivo internacional, y pueden afectar indirectamente la influencia y las alianzas estratégicas. Tienen mayor relación con la identidad social de un país.
- Ejemplos: diplomacia, educación, ciencia y tecnología, turismo, participación en alianzas políticas, comunicación internacional.
Algunos resultados pueden considerarse de suma cero, como ocurre con ciertos premios culturales, en los que si una ciudad obtiene el reconocimiento necesariamente otra lo pierde. Algo similar sucede con flujos turísticos limitados, donde un turista elige un destino u otro. No obstante, incluso en estos casos, la reputación generada puede producir efectos multiplicadores en juegos posteriores, como acuerdos comerciales, atracción de inversiones o alianzas diplomáticas.
Una anotación destacable de este tipo de juegos es que la construcción de soft power es a largo plazo y puede ser vulnerable a percepciones negativas, propaganda o conflictos que erosionen la imagen internacional de un actor.
Participar activamente en juegos de soft power puede facilitar la cooperación y mitigar conflictos, actuando como un amortiguador estratégico.
6. Ejemplo: China
Un mismo actor puede participar simultáneamente en varios juegos: por ejemplo, China compite[VP2] en tecnología y tierras raras (competitivo), coopera en comercio internacional (cooperativo), depende de cadenas de suministro globales (interdependencia) y, al mismo tiempo, proyecta influencia cultural y diplomática mediante una presencia significativa de nacionales chinos en altos cargos de instituciones multilaterales (soft power).
Estas interacciones generan dinámicas estratégicas complejas, ya que las decisiones adoptadas en un juego influyen sobre los resultados de los demás, impidiendo un análisis aislado de cada esfera. Además, en un contexto caracterizado por la rapidez en la difusión de la información y la aceleración de los acontecimientos como el actual, un juego inicialmente competitivo puede transformarse en cooperativo si cambian las condiciones o las dinámicas de otros juegos. Esto demuestra que existe una fuerte interconexión entre las dimensiones política, económica, social y de seguridad.
3. Conclusión
Este artículo ha propuesto la ecología de juegos como un marco analítico alternativo para comprender las relaciones internacionales contemporáneas, superando las interpretaciones tradicionales basadas exclusivamente en la lógica de la suma cero. Frente a enfoques estáticos y reduccionistas, la ecología de juegos permite captar la multiplicidad de interacciones estratégicas en las que participan los actores internacionales de manera simultánea.
Los juegos cooperativos, competitivos, conflictivos, de interdependencia y de reputación coexisten, se superponen y se influyen mutuamente, generando dinámicas complejas en las que las decisiones adoptadas en un ámbito alteran los incentivos y resultados de los demás. Además, se pueden transformar con el tiempo en otro tipo de juegos.
Las relaciones internacionales constituyen un sistema dinámico y evolutivo, más cercano a un proceso continuo de ajuste estratégico que a una fotografía estática. En este contexto, el poder ya no se ejerce únicamente a través del conflicto directo, sino también mediante la gestión estratégica de la interdependencia, la reputación y el soft power.




