«Hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida» .
Este proverbio ancestral chino bien podría haber sido leído por Pedro Sánchez y su equipo, que inician hoy un ambicioso viaje de Estado a la República Popular China. Durante la primera jornada de visita en el Gigante Asiático, el mandatario español ha recibido la Cátedra Honoraria de la Academia China de las Ciencias. Todo un recibimiento de lujo, en un momento en el que tanto Madrid como Beijing, volviendo a la enseñanza del proverbio sobre la oportunidad, buscan sacar tajada.
Sánchez, erigido como el adalid del anti-Trumpismo en el mundo, quiere abrir nuevos caminos con China. Xi Jinping, por su parte, es consciente de las reticencias de Bruselas, y busca en España un socio que pueda limar asperezas y mejorar su entendimiento con Europa. Sánchez es inteligente en aprovechar el momentum con China, pero también debe obrar con cautela: China es a su vez un valioso socio estratégico y un poderoso rival ideológico. La balanza comercial de España con China está tremendamente desequilibrada en favor de la potencia asiática, con un descuadre comercial de 32.242 millones de euros (en datos de 2025), y muchas veces la industria cárnica española ha sido la gran perjudicada por los aranceles puestos por Beijing en respuesta a los aranceles europeos a los vehículos eléctricos que produce China en masa. Asimismo, China sigue cerrando celosamente su mercado de tierras raras al extranjero. Si bien España es uno de los países europeos que tiene relaciones más cordiales con China y cuenta con la tradicional simpatía del pueblo chino, Sánchez no debe olvidar una premisa importante: China, el «Reino del Medio» es una civilización milenaria con gran respeto a su pasado y conocedora de su proyección para el futuro. El emperador en Pekín siempre gustó de tener buenas relaciones con sus vasallos… siempre que pagaran debido tributo, y siempre que China fuese la gran beneficiada de dicha relación bilateral.
Sánchez debe jugar bien sus cartas: sabe que es un potencial aliado que abre las puertas del Viejo Continente a China y se ha sabido granjear la simpatía de todo opositor a Trump y a la deriva multipolar de Estados Unidos… pero no debe olvidar que es imperativo que vuelva de tierras asiáticas con ganancias positivas para los intereses de España… o se arriesga a ser el «vasallo útil» el cual se lleva bien con el emperador de Pekín… mientras pague el tributo.




