Suiza ha decidido no adoptar el software de la empresa estadounidense Palantir Technologies para sus sistemas públicos, tras evaluar que su uso podría suponer riesgos para la seguridad nacional y la soberanía de los datos.
El debate se centró en la dependencia tecnológica de una compañía extranjera estrechamente vinculada a contratos con el Gobierno de Estados Unidos, especialmente en ámbitos de defensa, inteligencia y seguridad. Las autoridades suizas expresaron preocupación por el control, acceso y posible transferencia de datos sensibles, incluso cuando estos se alojan en infraestructuras locales.
Suiza, que mantiene una tradición de neutralidad política y alta protección de datos, optó por priorizar soluciones que garanticen plena autonomía tecnológica y reduzcan la exposición a marcos legales extraterritoriales, como la legislación estadounidense que puede obligar a empresas a cooperar con sus autoridades.
El caso refleja una tendencia creciente en Europa: los Estados ya no solo evalúan la eficiencia de las herramientas digitales, sino también quién las desarrolla, bajo qué jurisdicción operan y qué implicaciones geopolíticas conllevan. En un contexto de creciente rivalidad tecnológica global, el control del dato se consolida como un asunto estratégico.




