En las últimas semanas transcurridas del 2026 se ha podido apreciar innumerables amenazas y sanciones a otras naciones de parte de Estados Unidos. Estrategias radicales, censura y movimientos sociales han sido consecuencia de las últimas elecciones, en las cuales Donald Trump salió elegido por segunda vez como jefe de estado. Trump inició su mandato con la intervención de Venezuela además de deportaciones a gran escala, creando de esta manera no sólo incertidumbre al interior del país sino que manteniendo alerta a la comunidad internacional.
Por el momento, la transición del gobierno venezolano se ve estancada en la complejidad y las continuas declaraciones del presidente sólo dejan ver un claro comportamiento ofensivo acompañado de una ideología realista transaccional. En esta misma se presenta el argumento teórico que afirma que cada país o estado vigila por su propio bienestar y lucha por los beneficios propios sino que también no respeta alianzas o siquiera considerar ser parte de una unidad que lleve a la estabilidad universal. Es decir, la visión del nuevo líder de los Estados Unidos se ve dirigida a una reconstrucción del orden global y la gestión del suministro energético. Por lo tanto, la captura de Nicolás Maduro era solo una pieza en un plan estratégico para determinar la gestión del país y sus recursos, asimismo afectando la ley internacional que la Unión Europea promueve y una fractura diplomática entre potencias mundiales, aumentando las tensiones geopolíticas entre países.
La inesperada intervención vino con amenazas a otros países latinoamericanos, aún así otros gobiernos y organizaciones intergubernamentales se han visto expuestas de igual manera, cómo ha sido el caso de las bases militares en Groenlandia y los aranceles impuestos a la Unión Europea. Con todo lo presentado anteriormente se concluye que Trump se ha vuelto un disruptor en la política exterior. Sin embargo, problemas como estos son solo el inicio de una larga lista de desestabilización en el orden global.
El petróleo ha sido uno de los recursos que Trump ha buscado acaparar, pero también utilizar como arma contra la competencia, en este caso China, que se ha visto afectada por un corte en su suministro energético, el cual antes era proporcionado por Venezuela. Al ocurrir un cambio de gobierno, China se queda sin el aporte del país latinoamericano y ahora con una nueva influencia en el manejo de leyes y normas internas la situación no se ve prospera. Venezuela se ha vuelto un territorio donde las disputas políticas y la censura reinan de nuevo, llegando a ser considerado un Estado pivote.
Reforzando lo anteriormente argumentado, la relación que Venezuela comparte con Cuba es vital para la economía de este último mencionado, ya que el estado venezolano era su principal proveedor de petróleo. Por lo tanto Cuba recae todos sus ingresos a nivel internacional a México ahora que ya no cuenta con Venezuela. Si bien la presidenta Claudia Sheinbaum declaró que no dejaría al pueblo cubano expuesto a una crisis humanitaria, tiene que reconsiderar sus opciones ya que Trump impondrá aranceles a aquellos países que envíen petróleo a Cuba. Lo cual no es beneficioso para México, dejándolos en una posición vulnerable donde su única opción sería dejar en aislamiento a Cuba para evitar daños en la integración del acuerdo comercial de libre comercio que tiene con Canadá y Estados Unidos, el T-MEC.
Por lo tanto, debido al control que se le ha impuesto a Venezuela, Estados Unidos no solo está afectando geopolíticamente a China, sino que también está dejando a Cuba expuesto a un éxodo masivo y a México en una decisión que tendrá como resultado la fractura de alguna relación diplomática. Pero la duda sigue resurgiendo, ¿Cuál será la próxima decisión de Trump y que tanto afectará al sistema internacional?




