“Una transición política implica el proceso mediante el cual un régimen político pierde legitimidad y es reemplazado por otro a través de la transformación de sus instituciones fundamentales.” – Juan Linz
En Ciencia Política, la noción de transición democrática hace referencia, de manera más específica, al proceso mediante el cual un régimen autoritario o no democratico es reemplazado por uno democrático mediante una secuencia de cambios políticos, institucionales y sociales que alteran de forma sustancial las reglas del juego político. Estas transiciones democráticas pueden ser totales, cuando culminan en la consolidación de un nuevo régimen democrático, o parciales, cuando el cambio se limita a determinados aspectos del sistema sin modificar sus estructuras de poder esenciales. ¿Podemos hablar de la transición política en Venezuela?
El escenario político venezolano tras la captura del presidente Nicolás Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos el 3 de enero de 2026 ha generado un intenso debate sobre la posibilidad de una transición democrática plena y total. Este episodio ha representado, sin duda, una alteración del equilibrio de poder y un debilitamiento del liderazgo personalista que había caracterizado al régimen de Nicolas Maduro durante más de una década. Sin embargo, desde un punto de vista analítico, resulta prematuro considerar que Venezuela esté viviendo una transición democrática plena; más bien, se puede hablar de una transición política parcial, marcada por cambios en la cúspide del poder sin transformación institucional profunda.Hay que recalcar que la detención de Maduro por Estados Unidos introduce un factor externo con un peso político y diplomático significativo. Si bien la acción estadounidense ha desestabilizado el liderazgo y el régimen venezolano, también plantea interrogantes sobre la legitimidad interna del proceso, ya que una transición democrática sostenible requiere un anclaje doméstico y no depender exclusivamente de intervenciones externas. La literatura sobre democratización inducida advierte que los procesos percibidos como tutelados desde el exterior suelen generar resistencias internas que dificultan la consolidación democrática y pueden perpetuar la dependencia del poder extranjero (Carothers, 1997). En Venezuela, aunque la presión internacional y la acción de Estados Unidos han reconfigurado momentáneamente el liderazgo, no se han producido cambios estructurales en las instituciones que garanticen elecciones libres ni competencia política real, por lo que no puede afirmarse que el país esté transitando hacia una democracia plena. El papel de Estados Unidos ha sido decisivo al provocar un cambio en la figura presidencial, pero su intervención no ha alterado de manera significativa las bases institucionales del régimen.
Tal como subraya la literatura clásica sobre transiciones, los cambios de liderazgo no constituyen por sí mismos una transición democrática total. En el caso venezolano, la detención de Maduro no ha ido acompañada de una ruptura institucional ni de una transformación profunda del Estado. Por otro lado, la asunción de Delcy Rodríguez como jefa del Estado, respaldada por el Tribunal Supremo de Justicia Venezolana mediante una interpretación constitucional que evitó la convocatoria inmediata de elecciones, confirmó la continuidad de las estructuras institucionales heredadas del régimen chavista, sin ningún cambio hacia la apertura de régimen y evidencia que el control del aparato estatal sigue concentrado en una élite político-militar cohesionada. Desde esta perspectiva, lo ocurrido constituye un relevo de liderazgo más que una transformación del régimen, y por ello puede describirse como una transición política parcial. La literatura clásica sobre transiciones, representada por O’Donnell y Schmitter (1986), sostiene que los cambios de liderazgo sin reformas institucionales profundas rara vez derivan en una democratización efectiva. Además, esta continuidad institucional resulta clave para comprender los límites del proceso actual en la política venezolana. Como señala el sociólogo Linz, una transición democrática requiere no solo la salida del líder autoritario, sino también la reconstrucción de instituciones capaces de garantizar la competencia política, la separación de poderes y el respeto de los derechos civiles y políticos (Linz y Stepan, 1996). En Venezuela, factores estructurales limitan la viabilidad de una transición democrática el poder Judicial, el sistema electoral, las fuerzas armadas continúan bajo la influencia de actores vinculados al régimen anterior, lo que restringe severamente la posibilidad de una apertura democrática sustantiva y la competencia política. En este sentido, el proceso venezolano se aproxima más a una recomposición interna del poder que a un cambio de régimen en sentido estricto.
Desde una perspectiva comparada, Huntington sostiene que las transiciones democráticas exitosas suelen estar acompañadas por la celebración de elecciones libres, competitivas y ampliamente aceptadas como legítimas por los principales actores políticos (Huntington, 1991). No obstante, en el contexto venezolano actual no se ha anunciado un calendario electoral creíble ni se han producido reformas sustantivas del Consejo Nacional Electoral que permitan garantizar condiciones de igualdad para la oposición. A ello se suma la persistencia de restricciones a las libertades civiles, como la libertad de prensa y de asociación, así como la existencia de presos políticos, lo que indica la continuidad de prácticas autoritarias incompatibles con una transición democrática consolidada.
La situación actual también puede ser analizada a la luz del concepto de “transición incompleta” desarrollado en la literatura sobre regímenes híbridos. El autor Przeworski y sus coautores señalan que la democracia requiere instituciones que hagan inciertos los resultados electorales y que permitan la alternancia real en el poder (Przeworski et al., 2000). En Venezuela, pese a la ausencia de Maduro, el control del aparato estatal por parte de una élite político-militar cohesionada reduce de manera significativa dicha incertidumbre, limitando las posibilidades de una competencia política efectiva.
Para que Venezuela pudiera experimentar una transición democrática real y total, sería necesario que concurran una serie de factores estructurales. En primer lugar, es indispensable la reconstrucción de la legitimidad institucional, lo que implica una reforma profunda del poder judicial y del sistema electoral, orientada a garantizar su independencia y credibilidad. En segundo lugar, la celebración de elecciones libres, competitivas y observadas internacionalmente constituye un requisito central para la democratización, ya que permite canalizar el conflicto político de manera pacífica y legítima. En tercer lugar, la garantía efectiva de los derechos civiles y políticos, incluyendo la liberación de presos políticos y el cese de la persecución a la oposición, es una condición necesaria para que la competencia democrática sea viable. Sin estas condiciones, cualquier cambio en el liderazgo o presión internacional difícilmente se traducirá en una democratización sostenible.
Asimismo, la experiencia comparada muestra que las transiciones más estables suelen estar acompañadas de acuerdos entre élites, en los que los actores del régimen saliente aceptan la apertura del sistema a cambio de determinadas garantías. O’Donnell y Schmitter subrayan que estos pactos, aunque normativamente problemáticos, han sido en muchos casos fundamentales para evitar retrocesos autoritarios y reducir la incertidumbre del proceso (O’Donnell y Schmitter, 1986). En el caso venezolano, el papel de las fuerzas armadas y de los sectores económicos vinculados al Estado será determinante para el desenlace del proceso.
Finalmente, aunque la presión internacional ha sido un factor clave en la actual coyuntura, una transición democrática sostenible requiere un anclaje interno. Tal como advierte la literatura crítica sobre democratización inducida, los procesos percibidos como excesivamente tutelados desde el exterior tienden a carecer de legitimidad social y a generar resistencias internas que dificultan su consolidación. En este sentido, el desafío para Venezuela consiste en transformar la coyuntura abierta tras la captura de Maduro en un proceso de cambio institucional legítimo y endógeno.
En conclusión, Venezuela no se encuentra actualmente en una transición democrática plena, sino en una fase de transición política parcial. La captura de Maduro y la reconfiguración del poder en la cúspide del Estado representan un debilitamiento del liderazgo autoritario y un cambio en la dinámica del poder, pero las instituciones fundamentales del régimen permanecen intactas y el control del Estado sigue concentrado en una élite cohesionada. La intervención de Estados Unidos ha sido un factor catalizador de la crisis política, pero su influencia externa no sustituye la necesidad de transformaciones internas que garanticen legitimidad, pluralismo y competencia política. Por ello, el país atraviesa un momento de incertidumbre política que puede abrir oportunidades para la democratización, pero que todavía depende críticamente de la capacidad de los actores internos para reformar las instituciones y establecer reglas de juego democráticas.
Referencias
Associated Press. (2026, 3 de enero). U.S. Captures Venezuelan President Nicolás Maduro in surprise military raid. AP News.
C5N. (2026, 3 de enero). Donald Trump, sobre Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro: Vamos a administrar el país hasta que se pueda hacer una transición segura.
- Human Rights Watch. (2026, 7 de enero). Venezuela: US risks rights disaster. HRW.
- Linz, J. J. (1990). Transition to democracy. In O’Donnell, G., Schmitter, P. C., & Whitehead, L. (Eds.), Transitions from Authoritarian Rule. Baltimore: Johns Hopkins University Press.
- O’Donnell, G., & Schmitter, P. C. (1986). Transitions from authoritarian rule: Tentative conclusions about uncertain democracies. Baltimore: Johns Hopkins University Press.
- Przeworski, A., et al. (2000). Democracy and Development: Political Institutions and Well-Being in the World, 1950–1990. Cambridge: Cambridge University Press.




